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Tertulia abierta con la participación de Luis Bértola, decano de la Facultad de Ciencias Sociales; Pablo Dartsch, profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República; Luis Barbeito, presidente saliente del Instituto Clemente Estable y flamante presidente de CONICYT; y Diego Balestra, representante de la Cámara de Industrias ante el Consejo del CONICYT.

EMILIANO COTELO:
En un país tan pequeño como Uruguay, la investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación puede convertirse en un motor de desarrollo para nuestra sociedad y, además, en un trampolín hacia el mundo.

Sin embargo, en los últimos años sólo el 32% de las empresas uruguayas efectuó alguna actividad de innovación y en la mayoría de los casos no se trató de investigación propia, sino de compra de bienes de capital. Pero además, sólo el 9% de los investigadores uruguayos trabaja en el sector privado. Y la inversión del Estado en Investigación y Desarrollo no supera el 0,3% del Producto Interno Bruto, un guarismo insólitamente bajo en la comparación internacional.

¿Por qué es importante superar estas limitaciones? ¿Qué alternativas existen para invertir más y mejor en innovación? ¿Cómo se está trabajando en estos temas en los primeros meses del nuevo gobierno?

Vamos a discutir este tema en nuestra tertulia abierta de hoy, tomando como base un trabajo titulado “Ciencia, Tecnología e Innovación en Uruguay: Diagnóstico, Prospectiva y Políticas”, realizado por investigadores de la Universidad de la República y presentado públicamente hace pocas semanas.

Nos acompañan, por un lado Luis Bértola, es decano de la Facultad de Ciencias Sociales, desde diciembre de 2003. Coordinó la publicación “Ciencia, Tecnología e Innovación en Uruguay: Diagnóstico, Prospectiva y Políticas”, publicada en julio de 2005 por la Universidad de la República. Es Ph. D en Historia Económica por la Universidad de Gotemburgo, Suecia, y se desempeña como Profesor Titular del Programa de Historia Económica y Social. Ejerció la Coordinación del Programa de Historia Económica y Social desde 1991, así como la de los posgrados de dicho Programa desde 1994. Además, es investigador del Fondo Nacional de Investigadores de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT). También está con nosotros el doctor e ingeniero Pablo Dartsch que es profesor de la Facultad de Ingeniería de la República, trabajó como investigador para la publicación “Ciencia, Tecnología e Innovación en Uruguay: Diagnóstico, Prospectiva y Políticas”, es profesor de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de la República y es asesor del Gabinete de la Innovación formado en los primeros meses de este gobierno. Además, Luis Barbeito que es presidente saliente del Instituto Clemente Estable, e Investigador Jefe del Departamento de Biofisica – Unidad de Neurobiología Celular y Molecular – de dicho centro. También es investigador Grado 5 en el Area Biología del PEDECIBA e Ingresó al programa en 1988. Desempeña sus actividades en el Laboratorio de Neurobiología Celular y Molecular, y sus líneas de investigación son: neurotransmisión mediada por aminoácidos excitatorios, excitotoxicidad, metabolismo y función del neuropéptido N-acetil aspartil glutamato. En la actualidad, preside la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT). Por último también recibimos al ingeniero Diego Balestra que representa a la Cámara de Industrias del Uruguay (CIU) ante el Consejo de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT). Balestra es ingeniero agrónomo, empresario privado, y presidió la CIU hasta diciembre de 2004.

Doctor Bértola, primera pregunta: ¿por qué es importante para un país la inversión en investigación y desarrollo?

LUIS BÉRTOLA:
A lo largo de toda la historia el progreso de la humanidad ha estado vinculado a la innovación, al aumento de la productividad, y la inversión en innovación y desarrollo es el indicador más sintético que tenemos de los esfuerzos que hace una sociedad –obviamente es imperfecto, pero es el más cercano que tenemos– en pos de la innovación. Hay una asociación bastante fuerte entre el desempeño económico y los esfuerzos que se hacen en este sentido. Lo que sabemos –no precisamos cuantificar para saber que esta es una sociedad que tiene una baja propensión a la inversión en investigación y desarrollo y a la innovación– lo constatamos también con los números: mientras que los países que tienen mejor desempeño en el mundo tienen ese porcentaje de arriba del 2,5 por ciento de su PBI invirtiéndolo en investigación y desarrollo, en América Latina estamos como promedio debajo del 0,4 por ciento y en Uruguay tenemos problemas de mediciones pero estamos bastante por debajo de la media de América Latina.

Y recordemos que estamos hablando en el caso de Uruguay, un país pequeño, de un porcentaje muy pequeño de un producto muy pequeño, y en estas actividades, como en muchas otras, hay economías de escala, cuanto más grande es el sector mejores son sus resultados. Tenemos que luchar contra este problema de la escala y además proporcionalmente hacemos una inversión muy baja.

EC – Ya el propio Bértola manejó algunos elementos de diagnóstico, yo había adelantado otros en la introducción. Con el cuidado de no quedar atrapados por el diagnóstico, vale la pena, de todos modos, tratar de situar cómo estamos en esa materia. El estudio que ustedes elaboraron, ¿qué otras conclusiones relevantes extrae, que vale la pena que la audiencia conozca?

PABLO DARTSCH:
Complementando el primer tema, valdría la pena insistir en el concepto innovación como tal, para que no quede en la audiencia la idea de que estamos hablando exclusivamente de investigadores en el laboratorio inventando cosas nuevas. Cuando hablamos de innovación hablamos simplemente de productos o procesos nuevos que se introducen exitosamente en el mercado. Es un fenómeno económico, no es un fenómeno tecnológico, y por eso la importancia, para que a los países les vaya bien, de que sean capaces de poner cosas nuevas en el mercado.

¿Qué cosas tenemos como problemas?

EC – Una de las conclusiones de la publicación es que la articulación entre la oferta y la demanda, salvo en el sector agropecuaria, suele ser muy débil.

PD – Sí; salvo en el sector agropecuario… Quiere decir que en el sector agropecuario estamos un poco menos mal que en el resto.

EC – Ni siquiera el agro muestra indicadores dignos en la comparación internacional, pero es el que está mejor. ¿Cómo es este problema entre oferta y demanda?

PD – Cuando hablamos de oferta y demanda estamos hablando de oferta y demanda de conocimiento. Cuando hablamos de oferta estamos hablando básicamente de gente que investiga, que produce conocimiento, y cuando hablamos de demanda estamos hablando de las empresas que de alguna manera requieren este conocimiento para aplicarlo a sus procesos productivos. Esa oferta y esa demanda no se han encontrado, en el mundo es un proceso difícil, no es un fenómeno de Uruguay, pero es un poco la idea de que la Universidad y los investigadores se han quedado en sus laboratorios y sus lugares y las empresas también se han quedado mirando más a buscar la tecnología en otro lado. Esto no es un problema de quién tuvo la culpa ni nada por el estilo, simplemente es la constatación de una realidad.

EC – ¿Qué dice el sector privado, ingeniero Diego Balestra?

DIEGO BALESTRA:
El problema tiene muchas puntas, no es un problema sencillo de abordar ni de encarar. Uno comparte la idea de que el desarrollo y la innovación es justamente lo que se acaba de decir, o sea un cambio en un proceso es una innovación, pero para que suceda eso uno debe tener una elevada empresarialidad. Uruguay no da un ambiente amigable para la formación de empresas, ese es un primer tema que está un poco distante de lo que es innovación y desarrollo.

Es un problema cultural también que viene de la cultura básica de Uruguay. Quizás me estoy yendo a la raíz de este problema, pero va a ser muy corto. No es bien visto el empresario en Uruguay ni son bien vistos el éxito ni el triunfo, es algo visto muy uruguayo, muy criticado, y esa mentalidad va muy en contra de lo que es innovación y desarrollo porque conlleva el otro componente. Yo creo que sí, que hay un problema serio, el problema que nosotros detectamos desde el sector industrial empresarial es una falta de conexión entre el sector académico de innovación y desarrollo o el sector privado de innovación y desarrollo, que algo está haciendo, y las empresas. Hay un divorcio total, en varias oportunidades se ha tratado de hacer cosas, hemos venido avanzando.

Si uno recuerda el primer CONICYT cuando se gestiona el primer crédito grande del BID, 50.000.000 de dólares, con el presidente Bonsever, después vino Trujillo, del IBCE, después alguna otra gente, ahí empezó tibiamente a hacerse algo en un apoyo a las tecnologías. Hasta ahí Uruguay tenía un desarrollo mucho más hacia las ciencias básicas, hacia las ciencias biológicas, y ahí empezaron tibiamente a venir.

El problema tiene muchas puntas y el camino que hay que transitar es un camino largo y que básicamente tiene que pasar por de qué manera hacemos que esa oferta de innovación y de trabajo que se hace desde el sector académico y la demanda tengan nexos que permitan fluidez en esos canales a los efectos de que esto se pueda llevar adelante.

EC – Vamos a hablar de eso, de cómo se genera ese nexo, esa interacción productiva. Pero antes, ¿qué tamaño tiene la comunidad científica uruguaya? ¿Es la que necesitaríamos o es, por el contrario, por distintas razones, una comunidad disminuida? ¿Qué dice Barbeito?

LUIS BARBEITO:
Los números están planteados en el informe de Bértola. La comunidad científica uruguaya tiene un bajo número en lo académico, ronda los 1.200 científicos trabajando en tiempo completo, casi todos en la Universidad de la República e institutos de investigación.

EC – ¿Por qué el número es bajo?

L. Barbeito – Hay un número bajo de ingenieros, lo que al parecer es un buen marcador de la aplicación de la ciencia, también hay un número bajo en algunas áreas críticas y especialidades en las que Uruguay tiene poca tradición, y notablemente el número de investigadores cada 100.000 habitantes en Uruguay es extremadamente bajo y sería deseable que aumentara por un factor 5 o 10 en el próximo quinquenio o en la próxima década.

EC – ¿Se puede hacer la comparación con los países desarrollados o los países que en estos terrenos avanzan a pasos interesantes? ¿Tenemos números comparativos?

PD – Tenemos un factor de 10 de diferencia, con el agregado de que hay un tema de masa crítica. En un país de 3.000.000 de habitantes las comunidades científicas probablemente tienen que tener muchos más científicos por habitantes que en un país de 100 millones de habitantes, simplemente para que cada uno tenga interlocutores con los cuales intercambiar ideas para que se dé ese fenómeno colectivo que es la creación de conocimiento desde el intercambio que no se puede dar si hay una persona en cada uno de los temas. Estamos dos veces mal en ese sentido.

EC – Profesor Bértola, para terminar de recorrer el panorama, en este debate a propósito de inversión en ciencia, tecnología e innovación, además de las ciencias más ligadas a la producción de manera obvia, sobre todo la más ligada de manera directa a sectores como el agro y la industria, ¿importan las ciencias sociales? ¿También en esas ciencias es necesario invertir?

L. Bértola – Si no digo que sí me hacen renunciar, pero es un sí con convicción. En este diagnóstico que estábamos haciendo nos está faltando un actor. Lo peor que podemos hacer es empezar a tomar distintos actores y a echar las responsabilidades recíprocamente, que la industria les diga a los investigadores que se dediquen a los laboratorios, que los investigadores le digan a la industria “pero si ustedes son incapaces de emplear”, porque si miramos la cantidad de científicos, ingenieros, técnicos, que hay empleados en la industria, el número es asombrosamente bajo, lo que tenemos es un divorcio, hay falta de cooperación, no hay componentes sistémicos. Y falta un tercer actor en este juego, que es el Estado.

El Estado ha estado divorciado de la Universidad y de la academia. No ha tendido a recurrir a la academia y ha sido omiso en materia de generar políticas activas con respecto al sector productivo, simplificando la cosa diríamos haciendo un enorme énfasis en que las fuerzas del mercado iban a resolver esos problemas, dejando funcionar al mercado.

Nosotros defendemos que para revertir esta situación tenemos que enfocarla de manera sistémica. En esto los cientistas sociales, al igual que los científicos más duros, los tecnólogos, han trabajado mucho, yo diría que el enfoque de cómo construir política está claramente en el campo de las ciencias sociales. No exclusivamente, no estoy defendiendo la chacra de las ciencias sociales, no se trata de eso, pero sin duda que cuando discutimos cuáles son los problemas que tiene el país, por qué tenemos un problema científico-tecnológico, estamos hablando de fenómenos sociales, políticos, de intereses políticos, de cultura, de estructuras de comportamiento.

Eso lo tenemos que estudiar. Creo que los cientistas sociales tenemos un rol para jugar, no exclusivo, no excluyente, pero tenemos un rol para jugar de manera sistémica e integrada con el Estado, con las empresas, con los científicos de otras áreas del conocimiento.

***

EC – Siguiendo con el documento que tenemos como base en esta tertulia, veamos cuáles son las alternativas que ustedes han sugerido, porque el documento termina con eso, con propuestas.

PD – El documento básicamente propone tres grandes avenidas por las cuales pensar y trabajar este tema. Uno es el que nosotros llamamos la cultura innovadora; y el título que le damos nos ha generado algunas polémicas, sobre todo con economistas que plantean que no es un tema de cultura sino de incentivos. Nosotros planteamos un tema de cultura con el mismo énfasis que lo hacía el ingeniero Balestra, en el sentido de que es necesario tener un ámbito que a uno lo ayude a asumir riesgos y tener la propensión a asumir riesgos; eso no sólo se logra con incentivos, hay que tener una posición, un reconocimiento social, porque estas cosas tienen que ver con cómo vamos a vivir mejor en el futuro, etcétera.

EC – Ustedes subrayan que hay que construir en Uruguay una cultura de la innovación.

PD – Exactamente.

EC – ¿Cómo se logra eso? ¿De qué manera se puede trabajar en esa dirección?

PD – Eso tiene varios componentes, algunas de ellas sí se logran a través de incentivos. Yo quería mencionar el tema porque me parece que siempre se pone como que son contradictorias una cosa y la otra y no, es parte de ir construyendo una cultura. Hay algunas actividades que tienen que ver con instalar el tema en la opinión pública, es decir que todos los uruguayos sintamos que nuestro bienestar en el futuro tiene que ver con estos temas. Eso es central.

EC – Yo aprovecharía para preguntarles a nuestros oyentes en este momento si ellos sienten que nuestro futuro tiene bastante que ver con estos asuntos.

PD – Después hay una serie de incentivos a plantearse para generar esos cambios de conducta que van a ir generando cultura. Incentivos que tienen que ver con, por ejemplo, exoneraciones fiscales a determinados proyectos innovadores, obviamente incentivos que tienen que ver con el financiamiento liso y llano de proyectos de investigación y desarrollo.

EC – Facilidades del acceso al crédito para ese tipo de proyectos.

PD – Lo cual implica entender que el tipo de negocio que se genera en torno a esos proyectos es totalmente distinto de los negocios del Siglo XX, para los cuales está diseñado nuestro sistema financiero y por lo tanto la forma de acceder al crédito tiene que ser distinta, en eso tenemos que trabajar también. Hay una serie de propuestas en esa vía que titulamos “la cultura innovadora”.

Después tenemos el tema de la articulación.

EC – Pero antes de eso, me gustaría que sobre este primer capítulo, sobre esta misma carretera o camino el ingeniero Balestra nos diera su primera opinión. Usted hablaba más temprano de la necesidad de una cultura empresarial, de algo más básico aun. ¿Qué dice sobre esta otra sugerencia?

DB – Yo comparto lo que se está diciendo, creo que todos estos mecanismos son importantes, existen, se ha transitado esa línea y no ha dado los resultados que se preveían. Si se analiza qué empresas en Uruguay tienen mayor acceso a este tipo de información son aquellas solamente de base tecnológica, usted no encuentra otro sector y es un sector muy limitado, normalmente de empresarios que salen de la Universidad y desarrollan algún producto, alguna cosa, que son los que están sosteniendo este tipo de situación.

Pero me parece que del divorcio del que hablaba Bértola, con el cual hay coaligado un problema entre lo que puede ser el sector industrial, que es el que yo conozco y del cual voy a hablar, y la academia, existe un problema de cultura fundamental en ambas partes en que el investigador cuando logra investigar algo que puede llegar a tener un fin económico –porque ese es otro problema, que la investigación vaya en la línea de que el producto al final sea comercializable y tenga un valor, porque en definitiva es eso, generar valor, generar riqueza, si no la investigación por sí sola camina por otro circuito, no éste del que estamos hablando– hay un divorcio en el cual el investigador cree que su idea va a ser robada –para hablarlo claramente– por parte de un empresario y el empresario cree que la otra parte le está poniendo un plus valor a algo que ni siquiera está en el mercado, ni siquiera es una idea y que quien le agrega el valor es él. Hay una visión muy diferente entre cuál es el valor específico de la investigación y cuál es el valor agregado después para llegar al mercado y tener un valor.

EC – Entonces, hay una parte de esa cultura de la innovación que, según dice el ingeniero Balestra, tiene que construirse de los dos lados, no sólo del sector empresarial, también de la comunidad científica, y que implica vencer una desconfianza mutua, de eso estamos hablando.

DB – Sí.

EC – A su vez esto nos vincula con el segundo de los caminos que el trabajo que estamos comentando hoy propone, que es la articulación; pasa por allí, entre otras cosas, la articulación.

PD – Sí, la articulación pasa por varios lados, pasa por un diagnóstico. Quizás uno de los temas que nos quedaron en el tintero en el diagnóstico tiene que ver con la identificación de una acción muy atomizada y descoordinado dentro de los pocos y magros recursos que el Estado ha aplicado a estos temas.

Cuando hablamos de articulación hablamos de dos niveles, uno es el nivel más micro, el que mencionaba el ingeniero Balestra, y otro es el nivel más institucional. Para ir al tema que estábamos manejando, de nivel más micro, hay distintas divisionales de empresas en todo país y por lo tanto también en Uruguay.

Sería ingenuo pretender que una muy pequeña empresa en un sector más bien tradicional hiciera un departamento de investigación y desarrollo e investigara para poner sus productos en el mercado.

Hay distintas categorías y la academia y el Estado en su rol de acercar la tecnología también a esas empresas tienen que buscar distintos tipos de instrumentos para esos distintos tipos de empresas.

Nosotros planteamos en el trabajo básicamente que es muy importante, sobre todo teniendo en cuenta el gran número de pequeñas empresas que no tienen ningún acceso a la tecnología, el tema del extensionismo tecnológico, es decir tratar de incrementar lo que técnicamente se llama la absorción tecnológica, que una empresa sea capaz de identificar sus problemas tecnológicos y en función de eso plantearse soluciones.

Estamos lejos de hablar de grandes innovaciones, pero eso, por los datos que dan las propias encuestas, es hoy en día un cuello de botella muy importante para las pequeñas.

Para las grandes –las grandes de Uruguay, que no son grandes– tenemos que pensar en cosas que tienen más que ver, por ejemplo, con clusterización, es decir el trabajo en el que simultáneamente se trabaja en competir y cooperar, porque son grandes para Uruguay pero chicas para el mundo.

EC – O sea que esas empresas trabajen en forma conjunta.

PD – Trabajen en forma conjunta, también con el conocimiento. Experiencias como las mesas sectoriales, por ejemplo, de las que hay algunas funcionando, algunas desde hace algunos años, pueden ser los ámbitos donde se empiece a zurcir esos problemas que tenemos para comunicarnos entre los sectores.

***

EC – Yo les preguntaba a los oyentes si creían que efectivamente el futuro de Uruguay dependía en buena medida de que se invirtiera más y mejor en investigación y desarrollo. Han venido varias respuestas, pero elijo ésta de Carlos: “Mi respuesta es: absolutamente. Un país como Uruguay depende de la investigación científica, y en particular de la tecnología, de la investigación en tecnología, para asegurar su viabilidad.

Como todos sabemos, la producción uruguaya en general es poco variada, en general tiene un bajo valor agregado y está concentrada en relativamente pocos mercados.

Esto la hace sumamente sensible a las variaciones de precios y otros vaivenes económicos, pero además nuestros costos de producción son altos. La única manera de superar esos déficit, esos obstáculos, es innovando, lanzando productos nuevos o mejorando los ya existentes, y esto sólo se logra investigando.

Existe una conocida frase en marketing que dice ‘si no tiene una buena idea, más vale que tenga un buen precio’; dando vuelta esa frase yo diría: si no tenemos buenos precios, más vale que tengamos muy buenas ideas”.

Estábamos hablando de propuestas que el documento que hoy sirve como base para esta discusión ha elaborado, propuestas que iban por tres grandes caminos: uno, la construcción de una cultura innovadora; dos, la articulación de los actores del sistema; tres, el aumento de la cantidad y calidad de los recursos humanos.

Estábamos todavía desarrollando algunos de ellos y creo que sobre el tema de la cultura innovadora alguien iba a decir algo.

L. Bértola – Yo diría que podemos hablar de cultura e incentivo, una síntesis adecuada. Hay una propuesta que hacíamos y que creo que en este momento felizmente está tratando de ser implementada, que es la de un plan nacional de ciencia y tecnología. Esto es muy importante porque trabajar para un plan implica mirar al futuro, proyectar, organizarse, poner metas.

Nadie está hablando de un plan donde venga una autoridad que les diga a todos los ciudadanos qué es lo que tienen que hacer cada día, cada hora y en cada lugar, sino que estamos hablando de un plan en un sentido mucho más laxo, mucho más flexible y sobre la base de una amplia participación.

Creo que un plan discutido mediante una amplia participación es una forma de sensibilizar, de crear conciencia, de crear oportunidades, de movilizar y estimular a que los distintos actores se involucren. Esa es una idea importante para esta área de ciencia, tecnología e innovación, pero es necesario para todo el país para buscar una estrategia de desarrollo para el país.

En el plano de las propuestas institucionales sobre cómo organizar el sistema, le hemos dado bastante importancia a ese tema porque no se trata de creer que estas cosas pasan solas. Hay que tener una fuerte construcción institucional y creo que ese proceso va a ser de larga gestación.

Nosotros hacemos algunas propuestas, no estamos enamorados de ellas, ya ha habido avances, no se trata de quedarse fijo en una estructura, sobre todo hay que tener conciencia de que hay que construir institucional, que esta sociedad tiene que innovar también en las respuestas institucionales y que la respuesta no es ni un Estado todopoderoso ni “el bajen el costo del Estado, por favor”.

Lo que necesitamos no es un Estado gordo ni flaco, sino un Estado fuerte y bueno en el sentido de que pueda construir políticas y gestar mecanismos adecuados para llevarlas adelante.

Y el tercer punto del diagnóstico era el tema de la formación de recursos humanos. Sobre esto quería señalar un par de cosas. Necesitamos muchos recursos humanos, y la Universidad tiene que gestarlos, las empresas también tienen que gestarlos, también los tienen que gestar otros actores del sistema educativo, como la ANEP, la interacción ANEP-Universidad es muy importante en todo lo que tiene que ver con la enseñanza técnica, con los cuadros intermedios.

Pero tenemos que tener mucho cuidado, sobre todo en un país chico, en el que tenemos además una universidad muy poderosa, de no caer en simplificaciones sobre lo que tenemos que hacer. La disyuntiva entre una universidad de investigación científica y tecnológica y una universidad con fuertes vínculos con la empresa no hay que exacerbar esa contradicción, necesitamos las dos cosas.

Y a veces uno ve en el debate universitario, en el debate político una facilidad muy grande a moverse hacia los extremos. Tenemos que reivindicar el rol del investigador que no tiene ningún cálculo de valor agregado, que se mueve por preguntas científicas, que tiene que moverse por preguntas científicas y tiene que estar en la vanguardia en los problemas de la reflexión, porque además es la manera de formar investigadores en ciencia y tecnología. Pero también tenemos que tener una universidad sensible a las demandas del medio.

EC – Carlos, de Salto, nos dice que para él el concepto fundamental es que la tecnología hay que generarla sobre la base de la demanda del sector privado. Y menciona un ejemplo de la empresa Genia, de biología molecular, una empresa uruguaya que trabaja bajo demanda para solucionar problemas en lo local agregando valor con inteligencia nacional.

L. Bértola – Ese es un aspecto importante, pero que no nos debe llevar a lo que a veces se llama el freeriding científico-tecnológico, la idea de que lo que hay que hacer principalmente es innovación, que la ciencia en general está disponible en el mundo y que nosotros la aplicamos y hacemos solamente trabajo aplicado.

Es muy importante desarrollar este aspecto en la cultura nacional, porque ha estado muy subdesarrollado; el riesgo que hay es irse para el otro lado y negar que también tenemos que mantener los logros que dificultosamente se han conseguido en otras áreas. La simplificación en este terreno puede llegar a hacer mucho daño.

EC – ¿Usted coincide, ingeniero Balestra, o tiene la sensación de que a veces la investigación en ciencia y tecnología en Uruguay se va un poco de lírica?

DB – No quiero incursionar en ese circuito porque no construye. Me quiero referir al concepto básico del que estamos hablando. Acá tenemos que hablar de recursos, cómo generamos recursos, porque cuando se habla del peso del Estado, de que no debemos disminuir, de la fuerza y el tamaño de la universidad, para todo eso se necesitan recursos, para mover eso. ¿De dónde salen los recursos?

Hay un solo generador de recursos en este país, que es el sector privado, no existe otro generador de recursos, todo sale de ahí, no sale de ningún otro lado. Entonces, si tenemos esta dicotomía, ¿qué hacemos? ¿Generamos condiciones amigables para que existe un crecimiento del producto, para que se genere empresarialidad, para que se generen nuevas empresas, que son las que dan los empleos continuos, que se pueden autosustentar, o seguimos apoyando una idea y un concepto paquidérmico del Estado?

En la medida que no definamos hacia dónde vamos primero a poner los recursos para desarrollar qué, todo lo demás es muy lindo, pero si no tenemos dónde aplicar todo esto de lo que estamos hablando no vamos por buen camino.

EC – ¿Quién se siente incentivado por el planteo del ingeniero Balestra? ¿Quién va a contestar?

PD – Hay una cosa que tener en cuenta, cuando uno habla de investigación, sobre todo investigación básica, está hablando de procesos de formación de capacidades que demoran como mínimo entre 15 y 20 años entre que uno empieza y empieza a tener resultados. El país, mal o bien, ha hecho esfuerzos y de hecho la mayor parte de ese infinitésimo que hemos invertido en ciencia y tecnología se ha invertido en esas cosas.

Sería muy tonto a esta altura interrumpir eso y dedicarnos a otra cosa, porque hay capacidades para sustentar progresos tecnológicos en empresas que generen valor, que generen riqueza a partir de los conocimientos que se han ido acumulando.

En ningún país se da que existan empresas de alta tecnología sin recursos humanos altamente calificados. No hay que pensar las dos cosas como antagónicas, a todos nos resulta un poco chocante que cuando se habla de ciencia y tecnología todo el mundo lo asocie en algunos ámbitos con más presupuesto para cosas que no se sabe muy bien qué resultados van a tener, creo que eso es lo que expresa Balestra y yo lo comparto.

El tema es no irnos para el otro lado porque vamos a necesitar esos recursos humanos que hemos estado generando.

L. Barbeito – Yo voy a hacer algún comentario sobre la misión y el mandato que tenemos en el CONICTY y cómo ese documento se relaciona con nosotros.

***

EC – ¿Cómo se está trabajando en estos primeros meses de este nuevo gobierno en esta materia? ¿Cómo se está trabajando en el incentivo de la investigación en ciencia, tecnología e innovación en Uruguay? ¿En qué medida se va en línea o no con algunas de las propuestas que el documento que estamos comentando formulaba? De eso queremos hablar en el final de esta Tertulia abierta, para lo cual en primer término estaba pendiente el doctor Luis Barbeito, presidente del CONICYT desde el mes de noviembre.

L. Barbeito – El CONICYT tiene como misión elaborar, promover políticas para el desarrollo científico, tecnológico, de la innovación en Uruguay, sobre todo a través del Ministerio de Educación y Cultura y del gobierno mismo. Es allí donde se encuentran los diferentes sectores de la sociedad, incluyendo el sector privado, el sector de educación universitaria, el sector gubernamental, etcétera. Y por tanto a nosotros nos compete en este momento el desafío de incorporar esta nueva palabra a lo que antes era un CONICYT de ciencia y tecnología y ahora pasa a ser un CONICYT que también tiene innovación, obviamente con un gran peso de la coyuntura, porque Uruguay cada década que pasa se encuentra en una situación más comprometida en la viabilidad, en la generación de riquezas en un mundo cada vez más complejo.

En este sentido tenemos varias preocupaciones, obviamente que incorporar toda esta nueva tendencia que propone el gobierno, de Uruguay innovador, con una agencia de la innovación, con un Gabinete de la Innovación, que son fenómenos nuevos y altamente estimulantes porque el sistema se empieza a profesionalizar y queda en el CONICYT el articular y promover políticas que apoyen la cultura científica y la cultura de la innovación a través de la educación a todos los niveles, a nivel primario, secundario, técnico, universitario, de tal forma que la sociedad toda tenga una visión del mundo –de esto se tratan la ciencia y la tecnología– más o menos compartida y más o menos moderna, no basada en la falta de conocimiento sino en las fronteras del conocimiento.

Y luego hay dos capítulos importantes en los que estamos todos de acuerdo. Uno es fortalecer la creación de conocimientos en lo que es masivo y lo que es singular. Todos sabemos que tenemos que resguardar a nuestros genios, sean científicos, sean tecnológicos, pero también sean músicos o artistas.

El CONICYT tiene especial interés en promover lo que es masivo, a nivel general, pero también lo que es singular, porque una persona puede traer un enorme cambio cualitativo en la producción de riqueza del país, y eso muchas veces no lo tenemos en cuenta, la identificación y el cuidado de esos genios que nos pueden cambiar el paradigma con un solo cerebro.

Luego tenemos el desafío de la aplicación del conocimiento. Ahí tenemos mucho que ver con el sector privado, con el propio gobierno como un usuario del conocimiento para resolver problemas.

En ese encuadre el CONICYT, junto con los otros sectores de la sociedad que a veces no están representados ahí, tiene que elaborar y promover política para sobrepasar este momento coyuntural que tenemos pero también para sentar las bases de un Uruguay que todavía no visualizamos, porque todos los planes que estamos haciendo son por lo que se ve, pero quiero creer que hay muchísimas posibilidades que hoy no vemos y hay gente que puede verlas y tenemos que interactuar con esa gente para construir lo que está más allá de nuestra imaginación hoy.

EC – Ingeniero Balestra, usted también está en el CONICYT.

DB – Sí, estoy en este nuevo CONICYT y es una buena noticia, es una buena noticia el Gabinete, es una buena noticia que haya involucramiento de ministerios productivos, tenemos que darle un tiempo para ver a dónde va todo esto. Desde nuestro sector lo que nos preocupa enormemente es cómo logramos generar los recursos para que todo esto sea posible.

Para nosotros el punto de transferencia, del que se habló un poco acá –yo sé que el tiempo es muy cruel, pero me hubiera gustado abundar un poco más porque creo que es de los realmente problemáticos que tenemos–, es muy importante a los efectos de generar esa riqueza que después se pueda revertir, si no hacemos un cambio muy drástico en la generación de riqueza del país toda buena idea que tengamos va a terminar en seguir expulsando los investigadores de este país porque el sistema uruguayo empresarial no tiene capacidad para sustentar el equipo de gente que genera el país para investigar.

EC – ¿Qué quiere decir un cambio en la distribución de riqueza en este caso concreto?

DB – Quiere decir que tenemos que cambiar la mentalidad y hacer del sector privado un sector que sea capaz de aumentar su capacidad empresarial, aumentar la capacidad de producción a través de los mecanismos de conocimiento, sí, eso es básico, no vale agregar más nada, estamos todos absolutamente de acuerdo en esa base, pero si el país no aumenta su producto, si el país no logra aumentar la empresarialidad vamos a seguir expulsando la gente, los doctores que produce la universidad, los posgrados que produce la universidad, porque el país no tiene capacidad de retenerlos porque no tienen dónde aplicar sus conocimientos.

EC – Y eso, a su vez, ¿de qué depende?

DB – Creo que depende de que deben existir incentivos claros a la empresarialidad de este país, este país no genera empresas y hay mil pruebas de ello, la inversión es bajísima debido a que no existen condiciones para que eso se dé.

EC – ¿El Gabinete de la Innovación está trabajando en esa dirección?

PD – Sí, está trabajando.

EC – Recordemos brevemente qué es el Gabinete de la Innovación.

PD – El Gabinete de la Innovación se creó en abril de este año, no bien instalado el nuevo gobierno, está integrado por cuatro ministerios, que son Economía, Educación, Ganadería, Agricultura y Pesca e Industria y Energía y la Oficina de Planeamiento y Presupuesto, bajo la coordinación del ministro de Educación y Cultura.

El Gabinete fue la primera respuesta del gobierno a esa inquietud por coordinar y articular un sistema que no estaba articulado y coordinado. El Gabinete está integrado por los ministros, por lo tanto no es una estructura operativa para el día a día de la política, entonces el Gabinete creó un equipo operativo que básicamente se ha dedicado a trabajar en dos temas específicos.

Uno es una propuesta para agencia para innovación, que mencionaba el doctor Barbeito, eso tiene que ver con el tema de la institucionalidad, la nueva institucionalidad que necesita el país en estos temas y la forma como se generan, se administran y se evalúan los incentivos que se les otorga a los distintos actores.

Y el otro gran trabajo ha sido el Plan Estratégico en Ciencia, Tecnología e Innovación que mencionaba el doctor Bértola recién. Además de lo que es el Gabinete, si uno escucha el discurso del ministro de Economía, permanentemente hace referencia a la importancia de la inversión, de generar condiciones para la inversión y, en definitiva, a que la inversión en ciencia, tecnología e innovación es baja, entre otras cosas, porque la inversión es baja.

Esto es parte de lo que tenemos que ver, que el tema de ciencia, tecnología e innovación es parte de un tema más amplio, es parte de la economía y de la competitividad de este país

Fuente:Radio El Espectador


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