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Según cuenta el diario bonaerense La Nación, son chicos, que están al acecho y aprovechan el mínimo descuido de los transeúntes. En ese momento, les abren los bolsos, mochilas y carteras.

Luego les arrebatan la billetera, el celular y cualquier objeto de valor que se pueda revender luego en el mercado negro. Actúan con sigilo, a toda hora del día, y operan en las calles de acceso a la estación Plaza Constitución.

La Nación pudo ver en acción a cuatro chicas de entre 11 y 14 años, bien vestidas, mientras le abrían la mochila a un transeúnte, que no advirtió el hurto y siguió su camino, después de un duro día de trabajo.

De inmediato, fueron avisados a dos policías federales que estaban en la zona, quienes no advirtían el delito. “A estas chicas ya las conocemos. Vienen todos los días. Viven en Avellaneda, pero no podemos hacer nada. Tenemos las manos atadas porque son menores. Las detenemos, las llevamos a la comisaría, y ellas salen antes que nosotros”, dijeron ambos policías.

Fuentes policiales también dijeron a LA NACION: “Cuando detenemos a algún menor, la gente nos insulta porque son menores. Si no los detenemos, también nos increpan porque no hacemos nada. La sociedad y las autoridades tienen que ponerse de acuerdo. Alguien, desde el Estado, se tiene que hacer cargo de estos chicos”.

El dueño de una cuchillería situada en la calle Lima al 1700, en uno de los laterales de la estación de trenes, afirmó: “Vemos robos en la calle todos los días. El otro día, un joven arrebatador se quiso llevar una parte de nuestra vidriera, hasta que lo vimos y lo detuvimos nosotros porque la policía no hace nada. ¡Hasta le quisieron arrebatar el revólver a la policía de la esquina!”.

Gregorio Pinillos, de 68 años, que atiende un negocio de venta de ropa, también en Lima al 1700, relató: “Esta zona está llena de rateros. Le roban las billeteras a la gente que está esperando el colectivo.

Se paran uno adelante y otro atrás; cuando la víctima va a subir al colectivo, el de adelante se frena y el de atrás aprovecha para meterle la mano en los bolsillos o en la cartera, y robarle la billetera”.

Mientras por las mañanas y las tardes la zona es dominada por arrebatadores, “punguistas” y “mecheras”, por las noches la plaza, frente a la terminal ferroviaria, es copada por decenas de travestis que ofrecen servicios sexuales.

En efecto, Carlos Gómez, que atiende un comercio en Constitución, relató que el 6 de enero último cinco delincuentes, de entre 25 y 30 años, lo asaltaron a punta de pistola.

“Me sorprendieron por la espalda y me golpearon con la culata de un revólver en la cabeza”, relató Gómez.

Debido a los constantes robos, muchos transeúntes han optado por llevar sus mochilas colgadas al revés, es decir, sobre el pecho, y así evitar que los carteristas les abran los bolsillos.

Las largas filas en las paradas de colectivos se forman ahora contra la pared, para así ganarles un flanco a los delincuentes y estar mejor prevenidos de los robos.

En la calle O Brien, entre Lima y Santiago del Estero, están los “fiolos” que protegen a las prostitutas (muchas de ellas, dominicanas y paraguayas), pero también los llamados “transas”, que les venden paco a muchos chicos de la calle.

Cada cigarrillo de paco cuesta un peso. Para reponer la dosis, dicen los comerciantes de la zona que muchos de estos chicos salen a robar.

El diariero de Lima al 1700 indicó a LA NACION: “Vos venís un día a las 6 y ves a todos los pibes chorros durmiendo en la calle, drogados, y sin ningún tipo de contención. Yo siempre tengo en el quiosco leche en polvo y cuando los veo así, muertos de hambre, sucios, con los pelos duros, se me parte el alma y les hago una leche caliente”.

Pese a que se reforzó la presencia policial, los restaurantes y comercios de la zona todavía son víctimas de la inseguridad.

Los dueños de la farmacia situada en Salta al 1600 ya fueron víctimas de varios robos. “Nos asaltaron a punta de pistola y se llevaron la recaudación. Ahora optamos por tener poco dinero en la caja”, afirmó una de las empleadas.

Conocida como la “Medellín porteña”, en la zona de Constitución se puede ver desde el alquiler de bebes, que son rentados por mayores para mendigar, hasta menores que son explotados para atender los negocios de las distintas ferias que operan en la zona.

Un taxista que suele detenerse en las paradas de la estación de Constitución relató: “Los «punguistas» te «relojean», te observan, y cuando te descuidás, te arrebatan lo que sea: el celular, una mochila… Nosotros conocemos a los «punguistas» y cuando vemos un robo, no nos metemos; acá hay códigos: nosotros no nos metemos con ellos y ellos no se meten con nosotros”.

Gladys María Dugo, de 60 años, que toma todos los días el colectivo en la calle Lima al 1700, afirmó: “Tuve que reponer mi DNI varias veces, porque me han robado la billetera con los documentos en más de siete oportunidades. Ahora llevo la mochila adelante, me meto el celular en un bolsillo oculto y así evito los arrebatos”.

María Eugenia, de 37 años, empleada judicial, ya decidió no usar más cartera cuando va a trabajar.

“Una cartera me la arrancaron del hombro cuando bajaba del tren en Constitución y la otra, hace pocos días, cuando salía de estación y bajaba a tomar el subte de la línea C.

Ahora opté por colgarme en el cuello las llaves de mi casa y llevar un par de billetes dentro de un libro. Hice las denuncias, pero nunca pasa nada. Es una vergüenza”.

Por Franco Ruiz
Fuente:La Nación


Comentarios

1 Comentario

  1. Guillermo Caetano el Martes, 18 dUTC marzo dUTC 2008 - 15:46

    Buenos Aires se ha convertido en la ciudad más insegura y peligrosa de América del Sur. Se suceden día a día numerosos accidentes de tránsito debido a la imprudencia de los conductores, tanto los particulares como los del transporte público. A ello se le suma la delincuencia de todo tipo y de carácter violento en extremo. La policía tanto federal como provincial resulta totalmente insuficiente y no ofrece ninguna garantía al ciudadano, incluso de honestidad. Mal vivientes tienen en su poder armas de alto calibre juntamente con uniformes y material de uso exclusivo de las autoridades. Ante esta situación caótica el gobierno federal permanece en la más mínima intención, de instrumentar medidas conducentes a corregir esta desorganización ciudadana. Los piquetes, no solo los internacionales, sino también organizaciones capitalinas molestan permanentemente a locales y turistas. Sería prudente y de buen gobierno, echar una mirada hacia adentro y dejarse de tanto discurso para la tribuna. Primero el expresidente y ultimamente su esposa salen en la TV, metidos con las maniobras de Chavez, sin tomar la distancia prudente que corresponde en estos casos. Además ni él está cerca de Perón, ni ella se parece a Eva y por otra parte segundas partes nunca fueron buenas. La corrección de estos problemas, que son los que hacen enferma a la sociedad porteña, es tema de importancia tal que merece de parte de las autoridades la atención que corresponde. Gobernar es también poner orden y dejarse de politiquería barata.

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