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El Ministro de Turismo y Presidente de la comisión programática del Frente Amplio, piensa que el gobierno no ha actuado “contra el programa”, pero todavía “no ha cumplido con todo” y por eso necesita “al menos un nuevo período”.

Reconoce que la izquierda ingresó en una “etapa de tensión interna”, pero se mostró confiado en que prime el “sentido de responsabilidad histórica”, ya que sería un “pecado mortal” perder la oportunidad de seguir en el gobierno por culpa de “sectarismos y miradas hemipléjicas de la realidad”.

En materia de candidaturas, dijo que la opinión de Tabaré Vázquez “no es la de un compañero más”, y seguramente “tendrá mucho peso” en la conciencia de los frenteamplistas.

-¿Qué diferencias hay entre un programa que se hizo para acceder al gobierno y la elaboración desde el “oficialismo”?

-Es un cambio bien importante que implica una gran responsabilidad. Ahora disponemos de más conocimiento del Estado, que sigue exigiendo una reforma y una fuerte transformación democrática.

Ésta es, como se sabe, una de las tareas pendientes. Hay un nivel de experiencia y aprendizaje que hemos tenido muchos cuadros políticos, y ese ejercicio en la administración pública será una fuente importante de insumos para el próximo programa.

Hay que formular con claridad aquellas cosas para las que vamos a pedir que la ciudadanía nos endose un crédito para seguir profundizando los cambios, desde un balance positivo de lo realizado, porque con franqueza, y admitiendo los matices en la evaluación, creemos que el gobierno viene salvando con muy buena nota.

No se ha hecho nada contra el programa, pero no se ha cumplido con todo, y por eso necesitamos un nuevo período, al menos.

Alguna vez, en el proceso democrático que por suerte vivimos, volveremos a ser oposición, aunque espero que para eso falte mucho, porque es necesario consolidar el tiempo progresista del país.

-¿Cuáles deberían ser los ejes programáticos para un segundo mandato?

-Hemos avanzado mucho en lo que definimos como el corazón, que es el crecimiento con equidad. El crecimiento se viene procesando, aunque es probable que haya que enfatizar aspectos de carácter sectorial y se viene avanzando también en materia de equidad, pero deberemos acentuar las políticas para una simultánea redistribución del ingreso.

Hay que jerarquizar otros temas prioritarios, como la crisis alimentaria, los ajustes en el patrón productivo, el gran tema de la energía y el estudio a fondo de la inserción internacional, desde una perspectiva de regionalismo abierto.

Uruguay tiene que buscar las mejores formas para insertarse en el mundo, con la convicción de que eso jamás será en menoscabo de la identidad y la soberanía, sino que tiene que estar orientado, como dice el presidente [Tabaré] Vázquez, a mejorar la calidad de vida de la gente.

-¿En qué etapa está la elaboración?

-Estamos trabajando en las grandes líneas programáticas, sobre la base de seis ejes. Antes eran cinco y ahora agregamos el de Uruguay Cultural. El FA está ingresando en una etapa de tensión programática, que es honrar la mejor tradición de la izquierda nacional. No sólo por la seriedad y la profundidad de los análisis, sino también por los procesos participativos.

Ya están en marcha los ejes y las unidades temáticas, y en setiembre vamos a realizar un acto de “reimpulso” y explicitación de estos avances.

Es el tramo final antes del Congreso, que tiene que dirimir líneas programáticas y candidaturas. Por sus antecedentes y conformación, la comisión de programa tiene un carácter muy plural, lo que asegura que no será campo de batalla para dirimir temas que no le corresponden, y me refiero concretamente a las candidaturas.

Al contrario, su función es la de contribuir en la búsqueda de síntesis y consensos en temas en los que tenemos matices, y algo más en algunos de ellos. Una vez que el congreso de fin de año defina las líneas programáticas, el año que viene se va a desarrollar un proyecto muy fuerte para avanzar en un plan de gobierno y en la plataforma electoral que llevarán a cabo nuestros abanderados.

Es un desafío muy importante pero confío en que el FA va a estar a la altura de las circunstancias, y tendrá la claridad para defender lo logrado y plantear con franqueza que seguirá siendo la única propuesta de cambio posible para el país.

-El dilema programático parece ser entre continuidad y profundización de los cambios. ¿Es posible llegar a una síntesis?

-Estoy absolutamente seguro de que sí, y no quiero minimizar el tema, porque reconocemos ese problema. Pero estoy convencido de que la síntesis es absolutamente posible, para definir continuidad y avance. Continuidad y profundidad. No concibo un segundo período de gobierno o un triunfo en las próximas elecciones sobre la base de una crítica a lo que ha pasado.

Hay que revalorizar lo que significó el primer impulso para sacar al país del pozo, y desde luego no caer en el error de pensar que no hay cambios en estos tiempos y que hay que seguir haciendo exactamente lo mismo.

Hay que tener la capacidad de priorizar áreas y de lograr un impulso en el sentido de la profundidad. En términos de síntesis: continuidad y avance, y la necesidad de convencer para continuar con los cambios de Tabaré.

-La Alianza Progresista (AP) marcó que tanto las “banderas” como los “abanderados” hay que definirlos en diciembre. ¿Cuál es el fundamento? -En primer lugar porque es posible, a pesar de que hoy parece que estamos entrando en una etapa de tensión interna.

Sin embargo, pienso que una vez más puede primar la sensatez básica y el sentido de responsabilidad histórica, porque sería un pecado mortal que perdiéramos esta oportunidad de continuar cambiando por culpa de los sectarismos y las miradas hemipléjicas de la realidad. Me parece que el programa va a constituir una síntesis invariable del abanderado.

La AP definió que el camino es la búsqueda de consensos, pero si éstos no son posibles mirará sin dramas los mecanismos del ejercicio directo de la democracia interna. Se está llevando adelante un proceso de mucho diálogo intersectorial y es posible que de allí surjan avances para llegar a una fórmula, en base a todos los capitales políticos y a partir de una mirada integral, que tenga en cuenta gobiernos nacionales y departamentales. Hoy estamos militando por el consenso y somos, al igual que con el triunfo, fundadamente optimistas.

-Las últimas experiencias, por ejemplo con la presidencia del FA, no fueron tan exitosas.

-Es cierto que nos falta mucho, pero hemos tenido turbulencias en otros momentos y las superamos. El compañero Jorge Brovetto expresa una síntesis y tiene una representatividad muy importante.

Los sectores vamos avanzando para mejorar la tensión entre fuerza política y gobierno, así como también la reactivación de la imprescindible militancia, que nos llevó a donde estamos.

Hemos tenido problemas para comunicar logros y desafíos, pero pienso que el punto de partida es no intentar tapar la realidad con la mano, sino asumir que efectivamente tenemos debilidades, a pesar de que en el balance siguen pesando mucho las fortalezas.

En ese sentido, no tengo el gusto de compartir la idea que no sería tan grave que no continuáramos en el gobierno. Creo que el principal objetivo político de la izquierda uruguaya es hacer todo lo que esté a su alcance para convencer a la mayoría de la ciudadanía de que es imprescindible continuar con el impulso del cambio, y en las mejores condiciones posibles, o sea ganando en primera vuelta.

Jamás apartados -Algunos sectores, como el Partido Comunista, adelantaron que no acompañarán a candidatos que se hayan apartado del programa. ¿Qué opina?

-Reitero que este gobierno no hizo nada contra el programa y todo se ha dado en el marco del debate, amplio y fraterno. Más allá de énfasis o instrumentos, el programa se ha cumplido y se ha mantenido fidelidad con los compromisos que han caracterizado a la izquierda.

Ahora bien, estamos en un mundo de cambio permanente y sería un error pensar que los instrumentos no pueden cambiar.

Pero los principios siguen siendo válidos y no tengo dudas de que el programa que le presentaremos a la ciudadanía para el próximo período será de cambios y que será la única propuesta para asegurar la naturaleza progresista.

-¿La adhesión a la campaña de recolección de firmas para anular la Ley de Caducidad constituye un apartamiento programático? -Ése es un tema de naturaleza política pero con un fuerte contenido de conciencia.

El programa es muy claro y es el resultado de lo que el IV Congreso (Héctor Rodríguez, en diciembre de 2003) terminó de laudar.

Hay que recordar las memorables argumentaciones de ese gran luchador que fue Hugo Cores y de Eleuterio Fernández Huidobro.

Esa discusión se laudó (se impuso la posición de Huidobro de investigar las violaciones a los derechos humanos en el marco del artículo 4º de la ley) y eso a mi juicio tuvo bastante que ver con el resultado electoral.

Sinceramente creo que el gobierno cumplió con eso a partir de su voluntad política y eso lo diferencia de sus antecesores. Hemos logrado avances que nadie habría imaginado tiempo atrás y hay que seguir trabajando por la memoria y la justicia, que nos comprometen a todos por igual.

La firma como instrumento para alcanzar ese objetivo, en todo caso es un tema de conciencia. Pero no le daría calidad de violación del programa.

Con mucho respeto, veo que dirigentes de gobierno adhieren a la campaña, a partir de una convicción personal, pero de todas formas estoy seguro de que éstos son temas que no van a dividirnos.

-¿Un TLC con Estados Unidos hubiera implicado una violación al programa? -Es un tema un poco más complejo que el anterior. Personalmente, pienso que es necesario un debate informado dentro de la fuerza política, porque es importante considerar la naturaleza de los cambios de escenario.

Por lo tanto, puede haber oportunidades que no necesariamente estaban previstas al momento de elaborar un programa escrito. También puede pasar que están escritas en un sentido contrario, pero la realidad, que nunca debe perderse de vista, puede significar la necesidad de adecuaciones, siempre y cuando no se transgredan líneas de principios y la defensa de la autonomía del país.

Nuestro posicionamiento en política internacional está muy lejos del de Estados Unidos, y así lo seguirá estando. Pero yo hubiese estado dispuesto a analizar ésa y cualquier otra oportunidad de acuerdo comercial, en el marco de un debate informado, dentro de un proceso democrático interno y sin dogmatismos.

Con la cabeza muy abierta y sobre todo con algo fundamental, que es la confianza en la convicción de que más allá de los instrumentos que utilice para cumplir objetivos, la fuerza política no claudicará en sus principios fundamentales.

Es importante tener confianza en los liderazgos, sobre todo cuando están tan lejos del culto a la personalidad. Retomar esos niveles de confianza será fundamental en la construcción de la nueva propuesta programática.

-¿Cómo evalúa la invitación de Vázquez a la Generación 83? -Tengo una opinión muy positiva de esa convocatoria, porque no existe el monopolio programático y son bienvenidas las ideas de todos los espacios y generaciones, que son varios y diversos. Sospecho mucho de las unanimidades, y muchas de estas ideas que circulan en las redes son aportes frescos y visiones necesarias.

Lo que sí existe es un nivel institucional que necesariamente hay que respetar, porque somos una fuerza política seria.

En consecuencia, todos los aportes que confluyan en la Comisión Nacional de Programa son bienvenidos, y de hecho estamos instrumentando con estas generaciones y fundaciones planes de trabajo para que ningún intento de participación quede en el olvido.

Te sigo a todas partes -¿Qué peso tiene la opinión de Vázquez en materia de candidaturas? -No tengo el gusto de compartir que sea una opinión dentro de tantas o que sea la de un compañero más, como se ha dicho.

Es el presidente de la República y el líder natural de la fuerza política. Si él lo hubiera querido, habría concitado una gran fuerza detrás de la reelección. Tuvo otra opción, que fue muy clara y que debe ser respetada.

Pero no creo que su opinión sea una más, y es indudable que su preferencia explícita será un elemento que pesará mucho en la conciencia de los frenteamplistas.

Aun cuando esa decisión debe ubicarse en un terreno de la búsqueda de consensos, la posición de Tabaré tendrá mucho peso.

-¿Qué opina de su idea de que la fórmula sea Danilo Astori-José Mujica?

-Los demócratacristianos y la AP estamos en un proceso de discusión interna y de consultas con dirigentes nacionales.

Todavía no hemos tomado una posición, porque queremos militar a favor de una fórmula que tenga en cuenta a los dos principales capitales de la izquierda uruguaya, exceptuando obviamente al presidente, que seguramente mantendrá su posición de no ir a la reelección.

Es importante analizar esto teniendo en cuenta otros aspectos, como las candidaturas departamentales y la conformación de un elenco de gobierno.

Para nosotros, que nos hemos definido siempre como “tabarecistas” o como “espada y escudo” del presidente, es evidente que su opinión pesará mucho a la hora de tomar una decisión.

Por la propia naturaleza fundacional de la AP nos sentimos, con mucha humildad, como militantes de la unidad, que ojalá también se exprese en una fórmula común.

-Una de las primeras crisis políticas de este gobierno tuvo que ver con la discusión presupuestal y la posibilidad de renuncia de Astori.

¿Cuál fue su papel en ese episodio? -El que pensé que debía adoptar. Se podría decir que actué de intermediario entre la otra gran figura de la izquierda en términos de representatividad, José Mujica, que por suerte pudo pegar la vuelta de un viaje largo que estaba haciendo, porque la reunión entre ambos se produjo el mismo día que vencía el plazo constitucional, de manera que no eran esas negociaciones en las que podés decir “mañana seguimos”.

Participó también el ministro [Jorge] Lepra, como testigo calificado. La verdad es que fue una reunión extensa, muy franca y que inició un proceso de horas para hallar una salida.

Lo importante fue que dejó en claro la capacidad y por eso le agradezco la pregunta, que tienen estos dos líderes de la izquierda, con perfiles e historias distintas, de haber llegado a un acuerdo en un momento culminante.

Ojalá que esa situación se exprese a la hora de la definición de las candidaturas. Es un antecedente que espero se repita.

Lucas Silva
Fuente:La Diaria


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