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Ago
28
LA OPINION DEL DIPUTADO PABLO ALVAREZ
publicado en COLUMNISTAS |
La maravilla de vivir plenamente el tiempo de cada uno nos permite renacer en cada acontecimiento que somete a prueba la realidad, ante la humana capacidad de transformar transformándose.
Hace muchos meses nos fuimos enterando de que se conversaba en Paraguay la posibilidad de crear un frente común, una alianza amplia de sectores de la oposición política y social al “coloradismo”.
En aquellos tiempos el proyecto llevaba consigo la amenaza de origen de cualquier osadía.
Luego de no pocas casi destrucciones, la idea se cristalizó, se conformó la Alianza Patriótica para el Cambio, que llevaba como elemento nucleador un conjunto programático de base y al ex obispo Fernando Lugo como candidato.
Hoy muchos artículos en el mundo hacen referencia a la trayectoria de vida de Fernando, pero para los fines de este artículo alcanza con decir, que su preocupación por la injusticia tiene orígenes profundos en el tiempo, en nuestra América, y en su corazón.
La teología de la liberación dio de beber a su sed de comprender y transformar, y compartió el compromiso hasta el hartazgo del hacer para cambiar, mucho más allá de rezar.
Pudimos vivir hace pocos meses la situación previa a las elecciones y consultar en las calles el sentimiento mezclado de angustia y esperanza que los más humildes expresaban.
Lugo era su candidato seguro, pero daban por sentado que el partido en el gobierno haría fraude. Y no era nada infundado su temor, por el contrario. Pero la figura de Lugo era tan fuerte, que a diferencia de otros momentos, igual iban a optar por manifestar su voluntad.
Pudimos luego formar parte de una masiva participación de observadores internacionales, que tenía como principal y único objetivo ayudar a los electores paraguayos para que su voluntad y sólo esa, fuera la reflejada en el resultado final.
De muchas partes del mundo asistieron al evento, pero ninguna tan comprometida y populosa como la delegación uruguaya. 300 jóvenes uruguayos asistieron en calidad de observadores, y fueron repartidos por todo el territorio paraguayo.
Tuve la suerte al final de esa jornada de ver proclamado y reconocido por los demás candidatos, como presidente electo a Fernando Lugo.
El que en su primera conferencia de prensa, esa noche, en sus reconocimientos, luego de saludar al pueblo por el ejercicio democrático y a quienes hicieron el trabajo para que él fuera presidente, distinguió con su palabra a los jóvenes y demás uruguayos.
También seguimos en forma permanente sus palabras de reconocimiento al pueblo de Uruguay, a la gestión de este gobierno y a la figura del presidente Tabaré.
También conversamos con él cuando se dio una vueltita por el país. Habíamos ya a esa altura asumido un compromiso personal y que procurábamos contagiar, de brindar todo lo que nos fuera demandado para apoyar el nuevo gobierno.
La consigna era y es, dar todo lo necesario para que el proyecto planteado sea efectivamente realizado. Y así lo seguimos creyendo.
Planteamos por aquellos días la posibilidad de comenzar esta tarea de estar a la orden, consagrando el hermanamiento de los dos principales departamentos, no capitales, de cada uno de los países, entre otras cosas.
Finalmente, pudimos vivir el momento histórico en que Paraguay recibía como Presidente a Fernando Lugo, girando bruscamente las páginas de la historia moderna del Paraguay. “¡¡Sí, juro!!” reverberó en las radios y televisoras del país y del mundo.
Mostrando y demostrando cual iba a ser la actitud y el compromiso, mensaje claramente recibido por la población.
Pero si hasta ahora todo parecía difícil, podemos decir, con potestad, que ahora empieza lo verdaderamente difícil. Gobernar un proyecto de cambios.
Son muchos los grandes desafíos. Algunos son institucionales, como superar la desventaja en el Poder Legislativo.
Otros tienen que ver con la solidez de quienes lo han apoyado, y los frenteamplistas conocemos bien que la construcción de la unidad es un trabajo permanente.
Pero los grandes desafíos son aquellos que son el principal dolor del Paraguay, y que el presidente mencionó en forma destacada en su discurso inicial.
Por una parte los pueblos originarios, los niños en situación de pobreza y el compromiso de los jóvenes y por otra, la lucha contra la corrupción.
Es probable que las ilusiones que hoy genera, cuando pretenda invertir en políticas sociales y redistributivas muchas se transformarán en enojos.
Pero debemos recordar que tiene Paraguay, los y las paraguayas, un petróleo especial que se llama Itaipú.
Si las condiciones de venta de la energía se modificaran, aunque ni siquiera se alcanzara un precio justo, los paraguayos tendrán la oportunidad real de disfrutar de su riqueza.
El propio Presidente reconoció estos días, ante los embajadores destacados en Paraguay, la necesidad de ser ayudado.
La humildad de reconocer que su proyecto precisará de la aprehensión internacional, y yo diría fundamentalmente regional.
También para encontrar mejores condiciones de diálogo para que Itaipú sea un motor del desarrollo.
Uruguay y este gobierno y nuestra fuerza política, deben asumir acompañar y estar a la orden. Porque creemos realmente en el proyecto latinoamericano común y porque debiera movilizarnos al menos la vergonzante masacre que nuestro país respaldo en la guerra de la triple alianza.
Parece ser un hecho que aquellas luces que brillaron temprano con el combustible de la libertad y la modernización, sufrieron las peores secuelas realizadas por sus congéneres colonizados. Haití y Paraguay.
Hay, existe realmente un proyecto regional, y ambos países tenemos que comprender profundamente esta realidad.
Los ideales y los intereses no siempre se acompañan, cuando se refiere a los países, y Uruguay como Paraguay lo conocen bien.
Latinoamérica es atravesada por muchas búsquedas que apuntan al mismo lugar. Cada país elabora su proceso, y debe defender ese derecho.
Mucho tenemos por aprender todavía del retiro de Artigas por aquella tierra. Debemos acercarnos más. Los petisos del Mercosur tenemos mucho en común y no es sólo un problema de altura…





