Sep
12
El plenario de Diputados homenajeó el martes a Julia Arévalo, una mujer ejemplar que a los quince años ayudó a crear el primer sindicato de trabajadores tabacaleros del país y que recibió en la madurez la distinción de ser en 1942 diputada y en 1946 senadora Y la primera parlamentaria de izquierda en América Latina.
Afiliada inicialmente al socialismo, fue una de las fundadoras del Partido Comunista en 1920. Nacida en Barriga Negra, Lavalleja, tuvo el orgullo de que un gran escritor argentino, Raúl González Tuñón, le dedicara un bellísimo poema en el que la describió como “mujer de miel y de bronce”.
Hay que decir que todos los partidos adhirieron al homenaje pero no asistieron familiares ni miembros del Comité Central del Partido Comunista.
El miércoles a la tarde, el homenajeado fue Aparicio Saravia, el caudillo y héroe de los blancos.
Su significación histórica fue apreciada por legisladores nacionalistas y de la izquierda, destacándose los discursos de Álvaro Lorenzo y Sergio Botana (Alianza Nacional) y de Ruben Martínez Huelmo y Alvaro Vega (Espacio 609).
Éste dijo una frase que merece destacarse: “Tengo una interpretación racional del batllismo, que a mi juicio creó ese país moderno que duró hasta la década de 1960, y una interpretación emocional del nacionalismo; está claro que si no entendemos de dónde venimos no sabremos adónde vamos”.
No hubo expresión de felicidad entre los blancos, aunque, en realidad, les había molestado más Washington Abdala, quien antes cuestionó la versión histórica expuesta y se sorprendió de que la utilizada por algún orador oficialista fuera “aún más blanca, blanquísima”. ¿Las barras? Vacías. Apenas se advirtió, en una bancada lateral, al senador Jorge Saravia.
Si estos homenajes han de pervivir, cosa deseable y justa, habría que aliviarlos de todo pase de facturas políticas, sobe todo si vienen del fondo de la historia.
Y habría que evitar que los oradores, por simple afán de exhibición, incurran en un aplastante ejercicio de la redundancia
Fuente:La República








