oct
14
Su definición varía con el momento histórico y de acuerdo a la creciente incorporación de los distintos segmentos ciudadanos en las decisiones de la política o lo que es mejor en cómo se distribuyen los recursos siempre escasos de una comunidad.
Sin embargo la democracia requiere de sus cuidados porque no la alcanzamos de una vez y para siempre, necesita que no la vaciemos de contenido, para que tenga sentido para la gente.
Quienes estamos en la militancia política debemos recordarlo siempre y más que nunca en los tiempos que se avecinan.
Más allá de nuestra preferencia expresada en este semanario en artículos anteriores, no se puede negar que los tiempos electorales van ganando terreno.
Son tiempos en que cada una de las colectividades políticas trata de convencer a la ciudadanía que sus propuestas, así como sus equipos, son los mejores para conducir los destinos del país.
Tiempos en los que se resaltan las virtudes propias y se trata de sacar partido de las debilidades de los competidores.
La pasión supera a la razón ya que no solo se ponen en juego ideas sino también símbolos, tradiciones y afectos compartidos.
Quienes estamos en el gobierno trataremos de demostrar que lo hacemos bien y que podemos hacerlo mejor. Quienes quieren desplazarnos del gobierno tratarán de demostrar lo contrario, así es el juego democrático, principalmente en un tiempo electoral.
Es en estos momentos donde los actores políticos tenemos una responsabilidad mayor frente a la democracia y los partidos tienen más que cualquier otra organización, la responsabilidad de respetar a los ciudadanos.
El ciudadano no puede ser subestimado, esta subestimación llevada al extremo, puede conducir a considerar al ciudadano como un mero consumidor de productos políticos, como si la política fuera considerada una mercancía.
Ni la política es una mercancía ni los ciudadanos sus consumidores, o lo que es peor tampoco son mercancías.
Tenemos que respetar a la gente como tal, sabiendo que cada persona es un ser humano único, con ideales y sueños, que tratará de comparar no solo las propuestas que se le hacen sino también las posibilidades reales de ser realizadas.
Como parto de la base que todos los partidos estamos de acuerdo con estos conceptos, la clave pasa por cómo transformamos la idea, en una actitud diaria que refleje en nuestros actos, nuestro compromiso con la democracia.
Hay un límite que no se puede cruzar cuando la pasión prevalece y ese límite es el de la razón. Tenemos que ser conscientes que la elección es un momento y que como decía el Gral. Seregni, hay una mañana siguiente.
Creo además que deberíamos dejar un espacio para algunos temas en los que resaltemos los acuerdos, pese a que nos encontremos en medio de la competencia electoral.
Respetar a la ciudadanía y no comprometer la democracia pasa porque el debate entre quienes pensamos diferente se realice en base a las ideas y no a través del agravio y la descalificación a las personas.
Esta no es una guerra de buenos contra malos, independientemente de donde creamos que estén unos y otros, es una confrontación de proyectos, ideas y propuestas, nada más ni nada menos.
Comprenderlo y convertirlo en acción es evitar que la democracia se vacíe de contenido. Todos sabemos que cuando la democracia se vacía de contenido se debilita y cuando se debilita los ciudadanos dejan de creer en ella, con las consecuencias que esto tiene sobre nuestras vidas.
No pretendo generar alarmas, ni mucho menos acusar a nadie en particular de estar haciéndolo, solo pretendo en estos tiempos que avanzan hacia la contienda electoral que todos lo tengamos presente, principalmente los que tenemos responsabilidades partidarias.
Pretendo, como todos los ciudadanos, respetar y ser respetado, no subestimar ni ser subestimado.
Aspiro a que el debate sea sustantivo, no basado en lo adjetivo, aspiro a que las ideas derroten a los agravios. Ese es el debate que los uruguayos nos merecemos.
Espero que no solo lo comprendamos sino, mejor aún, que lo hagamos realidad.
Respetar al ciudadano debe ser la consigna de todos nosotros.
Fuente:Crónicas

























