oct
31
El pasado lunes fue lanzada con fuerte apoyo gubernamental la campaña para la recolección de firmas rumbo a una reforma constitucional que habilite la reelección del compañero Tabaré Vázquez.
Trataremos ahincadamente (haciendo por ahora caso omiso a las apasionadas y apasionantes discusiones jurídico-constitucionales que sobrevendrán), de entender lo que está pasando y posicionarnos en el mar de la máxima objetividad posible.
Si esta iniciativa contara con el apoyo de Tabaré tal como alega lograr (o como parece obvio a esta altura), el Frente Amplio, concurriría forzosamente, y por lo menos (ya veremos por qué), con dos candidatos a la Presidencia de la República: el que resulte electo en las “internas” de junio y Tabaré. Incluso uno podría ser reeleccionista y el otro no.
En adelante, y por ende, no se podría alegar aquello del “candidato único”.
Todo esto lo debe tratar el Plenario del Frente a realizarse el 6 de diciembre y el Congreso una semana después. En realidad lo debería haber tratado ya en algún lado.
Con mil personas juntando firmas a razón de diez por persona y por día, en cuarenta podrían recogerse unas cuatrocientas mil pero como bastan doscientas cincuenta mil, alcanza con juntar ciento cincuenta o doscientas mil para presentarse con ellas en el Plenario y el Congreso de diciembre y solicitar en su nombre ciertas resoluciones. O por lo menos poder plantearlas. Es como una “elección interna” al revés: los “votos” se juntan antes.
El argumento esgrimido en contra de ir a las elecciones “internas” por el peligro de la polarización que puedan crear quedó aniquilado o por lo menos flagrantemente desoído.
Ya que si en su caso fuera depositada en manos de las grandes masas frenteamplistas la decisión acerca de una fórmula presidencial, en este del lunes se ha ido, directamente y sin consulta, a esas grandes masas para obtener de ellas dos decisiones muchísimo más importantes: la Reforma de la Constitución y una candidatura presidencial del Frente Amplio. Frente que no cortó ni pinchó pero igualmente se ve y verá colocado ante un hecho consumado.
Es muy probable que esté naciendo una nueva fuerza política (el “Vazquismo”) buscando directamente entre las grandes masas un bautismo y la Presidencia. Por ahora con un solo punto programático.
Lo de la unidad, y muy en especial lo del consenso, también van quedando averiados. Y la militancia discutiendo programa y candidaturas en los Comités de Base desairada cuando no desubicada como Adán en el Día de la Madre.
Porque este tormentoso camino arriesga abrir puertas para otras recolecciones de firmas, otras reformas constitucionales (incluso no contradictorias) y dos o tres campañas electorales frenteamplistas autónomas y polarizantes. Cada una en pos de su propio candidato. “Eramos muchos y parió la abuela”.
Por ejemplo, otra reforma para eliminar de la Constitución los agregados hechos en la de 1996 volviendo al viejo sistema sin balotaje y a la posibilidad de varias candidaturas presidenciales acumulativas por lema, dirimiéndose entonces la Presidencia y todo lo demás “de un saque”, como antes, el último domingo de octubre de 2009.
Y hasta incluso “salteándose” (quienes así lo quieran) la elección interna de junio. Porque si bien la caridad bien entendida empieza por casa sería justo posibilitar que los demás partidos puedan concurrir a octubre también con dos candidatos y, si son dos, podrían ser tres o cuatro…
Por eso dijimos que el Frente Amplio podría ir a las próximas elecciones con más de dos candidatos y más de dos reformas constitucionales. Basta con juntar firmas.
Las puertas que se abrieron el lunes están abiertas sobre un panorama totalmente nuevo. Da para pensar, o por lo menos sospechar, que estamos ante un momento crucial; de grandes cambios en el Frente Amplio. Un umbral que puede estar marcando históricos antes y “despueses”. Viejas formas orgánicas que no contienen ni pueden expresar hoy la riqueza de un vasto movimiento de masas.
Que son superadas y traspasadas, a conciencia o sin ella, por realidades multitudinarias a las que, por unos o por otros, más tarde o más temprano, se apela como se está apelando.
Deberíamos, por lo menos, analizar si ello es o no es así.
Pedimos disculpas por la febril especulación pero no tenemos más remedio: la recientemente lanzada recolección de firmas, a un mes del Congreso y a un año de las elecciones nacionales es una bomba política de fragmentación y despertó muchísimas consecuencias (aunque de todas ellas no nos demos cabal cuenta todavía). No estamos en condiciones de afirmar hoy si son buenas o malas, convenientes o inconvenientes. Pero no podemos ignorar su existencia. Ni hacernos los chanchos rengos.
En este sentido resulta elementarísimo que los frenteamplistas y el país (incluso la oposición) necesitamos saber qué piensa el compañero Presidente.
Aunque no más fuera porque no nos gusta, tampoco, hacernos los perros putos.
Fuente:La República

























