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A cien años de que Don José Batlle y Ordoñez impulsara leyes revolucionarias para su época como las 8 horas de trabajo o la ley de divorcio, el Senado sancionó la despenalización del aborto, la más liberal de su tipo en el continente. Pero al parecer quienes creyeron elegir a un Presidente progresista eligieron a un conservador que vetara la ley, para satisfacción de la derecha criolla y bajo la presión del Vaticano.

La autorización del aborto va camino a tener corta vida: el anunciado veto del presidente Tabaré Vázquez es la última esperanza para los sectores que se oponen a la interrupción del embarazo por la sola voluntad de la mujer.

De mantenerse vigente la ley, Uruguay pasaría a ser el país de América Latina con la legislación más amplia en materia de aborto. En la mayoría del continente el aborto está permitido sólo en caso de violación o cuando existe riesgo de muerte para la madre, o por razones terapéuticas.

En Argentina se está discutiendo un proyecto que amplía los casos en que se puede practicar la interrupción del embarazo.

El caso uruguayo tuvo una inmediata repercusión en los principales medios de la región. “Uruguay: el Senado votó la despenalización del aborto”, dijo La Nación en su página web y anunciaba que Vázquez se dispone a vetarla. “El Senado uruguayo sancionó la ley que despenaliza el aborto”, destacó Clarín.

Los senadores madrugaron para votar la ley. Sin previo aviso, la bancada del Frente Amplio colocó el tema como grave y urgente en la sesión matutina bajo protesta del Partido Nacional.

Así, la ley se aprobó por 17 votos (todos del Frente Amplio) contra 13 (11 del Partido Nacional y dos colorados, faltó el forista Julio María Sanguinetti partidario del aborto), con las barras en silencio y nadie manifestando afuera.

En la madrugada del miércoles 5 el proyecto había recibido media sanción de la Cámara de Diputados por 49 a 48 en medio de fuertes presiones de pro y anti abortistas en las inmediaciones del Palacio Legislativo y advertencias de excomunión por parte del arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno.

Diputados eliminó el artículo segundo que declaraba “universales” los derechos sexuales y reproductivos y hablaba de una sexualidad “placentera” y “responsable”.

Por eso el proyecto debió volver al Senado, que en noviembre de 2007 ya lo había votado positivamente.

La sanción de la ley será comunicada hoy al Poder Ejecutivo, que tiene diez días para vetar los artículos que despenaliza el aborto.

Ayer el frenteamplista Alberto Couriel le pidió al presidente Vázquez que no vete la ley y que habilite un pronunciamiento popular sobre la despenalización del aborto.

Esta es la primera ley importante que vota el ex ministro y precandidato oficialista Danilo Astori desde que regresó al Senado en septiembre. En noviembre de 2007 su banca estaba ocupada por Carlos Baráibar, contrario al aborto.

Otros cambios respecto al año pasado fue la actitud del nacionalista Julio Lara, que ayer no votó acompañando al resto de su bancada.

Lara explicó a El País por qué cambió de posición: “Conversé con la bancada y decidí apoyar la opinión de los compañeros. El tema fue bastante manoseado”.

La senadora oficialista Mónica Xavier dijo que votó “con plena convicción”. “Esta es una ley por la vida a diferencia de lo que piensan otras personas”, afirmó la legisladora. No es sólo la ley que despenaliza el aborto, dijo Xavier, sino “una ley marco” sobre los derechos sexuales y reproductivos.

El nacionalista Sergio Abreu dijo que votó en contra porque esta ley supone “una violación del derecho internacional” porque va “en contra” de tratados que ha firmado y ratificado Uruguay. Abreu se molestó por la urgencia con que la bancada del Frente Amplio forzó un pronunciamiento.

El suplente de Reinaldo Gargano, el ex colorado Abayubá Martorell, dijo que la ley terminará con la practica de abortos clandestinos, los que se hacen “en condiciones infrahumanas”. “Fue una decisión sabia del Senado”, sostuvo.

Se estima que en Uruguay se practican unos 33.000 abortos clandestinos por año.

Martorell además le respondió a Cotugno. “Que no se preocupe por mí porque no pasé por la pira bautismal”, dijo, aludiendo a la advertencia de excomunión a los que voten la ley.

El nacionalista Luis Alberto Heber marcó al oficialismo el “enfrentamiento” que tiene con el presidente Vázquez por este tema.

“Nosotros nos sentimos representados por el presidente en esta instancia”, dijo Heber. Su compañero de bancada José Carlos Cardoso sostuvo que el veto terminará por dejar “rengo” al proyecto.

Varios legisladores del Frente Amplio tienen intenciones de hablar con Vázquez para que no vete la ley.

Mientras tanto, la ministra de Desarrollo Social, la comunista Marina Arismendi, afirmó que el presidente “va a tener que promulgar” la ley.

“Si la veta, tendríamos que tener las fuerzas en el Parlamento para levantar el veto. Estoy radiante. Estuve 10 años peleando en el Senado por esta ley”, señaló Arismendi.

Para el veto el presidente necesita al menos la firma de un ministro. Hasta ahora los ministros María Julio Muñoz (Salud) y Héctor Lescano (Turismo), anunciaron que están a disposición para estampar su firma en el veto.

Lescano, católico, dijo ayer que otros ministros también están dispuestos a acompañar al presidente en el veto.


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