nov
20
Estimado Carlos, creo que este artículo que escribí hace 2 años adquiere triste y renovada vigencia. Es lamentable que el sr. Presidente desconozca lo que es la democracia representativa: la mayoría del Parlamento es la mayoría del pueblo, en los casos que nos conviene y en los que no.
Estamos instalando el neo-pachequismo ?.
El Presidente de Francia Valery Giscard D´Estaing dió un ejemplo de honestidad moral cuando le dijo al Papa que no podía vetar la despenalización del aborto porque aún siendo católico como presidente de un Estado laico, debía respetar esa posición.
Cuando Italia despenalizó el aborto en la década del 70, ¿fueron excomulgados por la Iglesia? No sólo no lo fueron sino que además, cuando la ley se sometió a la voluntad popular obtuvo una mayor mayoría.
Pero es aún más patético que el argumento del presidente es “ser médico ¿Es que los demás médicos del mundo que aprueban el aborto provocado, son inmorales o delincuentes?
¿Es que todos los países con menor mortalidad infantil del mundo, donde el aborto es legal, son inmorales?
¿Es que el norte de Europa con el mejor nivel de vida y los mejores indicadores de salud, es “inmoral?
Aún más patético es que la sra. Ministra de Salud acompañe esta posición absolutamente conservadora.
Si tuviera un poco de honestidad intelectual debió haber dado un paso al costado, si no quería enfrentarse con el “jefe”.
El subdesarrollo es cultural más que económico y acabamos de demostrarlo.
Este es el artículo de hace 2 años:
El inicio de una nueva legislatura, integrada por una mayoría absoluta del movimiento político más progresistas del Uruguay, genera una expectativa favorable sobre la posible despenalización del aborto en nuestro país.
Sin embargo han trascendido algunas declaraciones del Presidente de la República, que en caso de que esto sucediera, se aplicaría el veto del Poder Ejecutivo que prevé la Constitución.
El objetivo de este artículo, no es discutir la racionalidad de un eventual enfrentamiento, político e ideológico, entre Poderes diferentes pero integrados por la misma fuerza política.
La idea es realizar algunas reflexiones que permitan asumir una posición frente al tema, asumiendo que cualquiera de nosotros entiende que el valor intrínseco de la vida humana es superior a cualquier otro valor.
Conviene señalar algunas cuestiones que parecen ser dignas de consideración. El aborto provocado para interrumpir un embarazo no deseado (incluso en algún caso fruto de una violación) y por lo tanto evitar tener un hijo no deseado, en general por ninguno de los dos padres, es dramático, tanto en sus aspectos físicos como psicológicos. Sin embargo, es una realidad cotidiana y constante.
En Uruguay, no existen cifras precisas, pero se ha supuesto que existirían de uno a dos abortos provocados por cada nacimiento, lo cual significa entre 60.000 y 120.000 abortos por año.
Es poco probable que ninguna madre en condiciones de elegir, opte por el aborto y no por una prevención del embarazo, es decir, por una anticoncepción segura, que le permita una sexualidad libre, eventualmente separada de la procreación o incluso del amor.
¿No es esta después de todo, la actitud masculina desde la Grecia Clásica hasta nuestros días? “Los esposos para el cuidado de los hijos y las hetairas para el disfrute y el placer”, decían (y hacían) los griegos. ¿No tendrá derecho la mujer, después de 2.500 años, a la misma conducta?
Pero el tema es complicado. Educación o información sexual no es sinónimo de sexualidad segura. En realidad es una condición necesaria aunque no suficiente.
Se sabe que sobretodo en los adolescentes, aun teniendo conocimiento y acceso a los medios anticonceptivos muchas veces las cosas fallan.
Nosotros lo confirmamos en un estudio realizado en nuestro país (La Sexualidad de los Adolescentes-J.Portillo-Ed. Banda Oriental-1992).
Pero no hay duda que países que han implementado una educación sexual escolar, complementaria de la familiar, desde hace más de 30 años, han logrado mejoras sustantivas en la disminución de abortos provocados, de muertes maternas y de la mortalidad infantil.
Los países más igualitarios, los del norte de Europa, han sido primeros en la implementación de diversas formas de “aborto legal”, como solución extrema: el mal menor.
La morbimortalidad materna vinculada al aborto tiene que ver con la pobreza y la inaccesibilidad de las madres “víctimas” de un embarazo indeseado, a los servicios de salud decorosos.
Madre-niñas, de hogares marginales, muchas veces prostituídas por los padres o compañeros, mueren víctimas de la hemorragia o la infección, además de estigmatizadas por la sociedad y criminalizadas por el derecho.
Hace 2 años un artículo de Página 12 transcribiendo un párrafo de la Declaración del XVIII Encuentro Nacional de Mujeres, en Argentina, señalaba con mucha precisión: “para ejercer nuestro derecho a ser madres por elección y ser libres de decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad, llamamos a construir otro mundo. Un mundo donde el derecho de las mujeres a la vida, no esté amenazado por su vulnerabilidad inherente al embarazo y al parto y donde esa vulnerabilidad no se vea agravada por la falta de acceso a la salud y la educación. Esto será posible cuando todas las mujeres que así lo decidan, tengan acceso al aborto legal, gratuito y seguro en el sistema de Salud Pública”.
Este deseo de las mujeres argentinas pero también uruguayas y latinoamericanas, es un derecho real en casi toda la Unión Europea, Canadá y varios Estados de EEUU, ¿será tan nocivo para la sociedad y su moral?
Generalmente las adolescentes y mujeres de la clase media y alta también se embarazan sin desearlo (aunque sea en menor proporción) pero tienen grandes ventajas: la familia, recursos culturales y económicos para acceder a lugares clandestinos para realizar el aborto, pero más seguros.
Es frecuente el doble discurso: “ Como padre intelectual y de clase media apoyo a mi hija en su desliz, como ciudadano respetuoso de la moral cristiana me opongo radicalmente a la despenalización del aborto”.
Y en esto último sigo a Ratzinger hasta sus últimas consecuencias: “la vida de cada ser humano debe ser respetada de manera absoluta desde el momento mismo de la concepción embrionaria” (salvo en el caso de un hijo que sólo sería una excepción).
Giovanni Berlinguer, que es médico, Profesor de la Universidad La Sapienza en Roma y Diputado y Senador en varias oportunidades en el Parlamento Italiano, fue el autor del Proyecto de Ley, que hace más de 20 años, despenalizó el aborto en Italia.
Sometida a un Plebiscito Popular, esa ley fue aprobada a nivel ciudadano por mayoría mayor que en el Parlamento. Una vez despenalizado el aborto en Italia, el número de estos procedimientos disminuyó radicalmente durante varios años.
Educación sexual, pero sobretodo educación, es fundamental y como se dice muy claramente: “anticonceptivos para no abortar; aborto legal para no morir”. Una cosa no sustituye la otra, se complementa y se retroalimentan.
Pero aún en Suecia, Finlandia, Holanda, se hacen abortos, pero seguros. Ser pobre es una tremenda condena.
América Latina produce cada día más pobres y entre ellos madres que mueren por no desear o por no poder mantener su hijo, por centenares de miles.
La Iglesia Católica ha cumplido roles importantes y contradictorios en esta contienda: los jesuitas han educado y la inquisición ha quemado.
Hoy más que nunca la voz oficial de la Iglesia sigue condenando a muerte con su discurso a muchas adolescentes y jóvenes de este continente.
La proscripción de los pensadores más relevantes de la Teología de la Liberación es un ejemplo de la dificultad de compatibilizar la justicia Divina con la equidad y la solidaridad en la Tierra.
El 28 de Septiembre de 1888, se decretó en Brasil la libertad de vientres, por lo que el V Encuentro Feminista Latinoamericano, en Argentina en 1990, consagró el 28 de Septiembre, como el Día por la Legalización del Aborto en América Latina y el Caribe.
¿Llegará Uruguay a ese día habiendo despenalizado el aborto? ¿Podrá ser nuestro país, ejemplo en nuestro Continente, en materia de políticas sociales como lo fué en las primeras décadas del siglo XX?
Ha señalado Giovanni Berlinguer: “en todas las legislaciones se confirman derechos progresivos, que deberían implicar un esfuerzo común hacia acciones anticipadas y retrotraídas en el tiempo: es mejor el control de la natalidad que el aborto; entre los medios reparadores, son mejores los que alteran menos profundamente el equilibrio orgánico; es más adecuado prevenir y curar la esterilidad, que recurrir a la fecundación artificial” y se pregunta Berlinguer: “¿hasta que punto la cultura y la política son capaces de responder a tales exigencias?”.
La falta de información, pero sobretodo la falta de herramientas intelectuales para el análisis crítico y reflexivo, le hacen el “caldo gordo” al dogmatismo, a la rigidez, al conservadurismo.
Ronald Dworkin , es Profesor de Filosofía en las Universidades de Nueva York y de Oxford y es uno de los más prominentes filósofos contempóraneos del Derecho y la Política. En el libro El Dominio de la Vida (1993) (Trad-Cast. Ed. Ariel-1994), reflexiona sobre las cuestiones morales y éticas vinculadas al aborto y la eutanasia, en forma por demás interesante. Es importante señalar que Dworkin también ha actuado como juez en los EEUU.
Quisiera terminar este artículo, transcribiendo dos párrafos de este autor, que se encuentran en el final del libro recién señalado:
“Insistimos en la libertad porque valoramos la dignidad y ubicamos en su centro el derecho a ejercer la libertad de conciencia, de forma que un gobierno que la niega es totalitario, sin importar cual es el grado de libertad que nos deje en elecciones menos importantes. Porque honramos la dignidad, reclamamos democracia a la que definimos de tal modo que entendemos que una constitución que permita que la mayoría restrinja la libertad de conciencia, es enemiga de la democracia y no su manifestación. Cualquiera que sea la opinión que adoptemos en relación al aborto y a la eutanasia, reivindicamos el derecho de decidir por nosotros mismos y por consiguiente, deberíamos estar dispuestos a insistir en que cualquier constitución honorable, cualquier constitución genuina que se sustente en principios, garantizará ese derecho para todos”.
“Si la gente conserva la autoconsciencia y el autorespeto, lo que constituye el logro más importante de nuestra especie, no dejarán que ni la ciencia ni la naturaleza sigan simplemente su curso, sino que lucharán por expresar, en las leyes que elaboran como ciudadanos y las elecciones que realicen como individuos, la mejor comprensión que puedan lograr acerca de porqué la vida humana es sagrada y acerca de cuál es, bajo su dominio, el lugar adecuado de la libertad”.
Despenalizar el aborto no es promocionarlo, es salvar la vida de muchas mujeres jóvenes y evitar muchos hijos no deseados, condenados a priori, a la falta de amor, afecto y sustento. Ojalá no fueran concebidos pero si son concebidos, que no nazcan.
Dr. José Portillo

























