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URUGUAY: CUANDO NOS PASAMOS AL SALVAJE OESTE
publicado en Analisis Social y Derechos Humanos | 2 Comentarios
“Maté a un tipo que violó a mi hermana… Eso fue hace dos años, mi hermana tenía 13, y nada, fui a la casa del tipo apenas me enteré y le metí un tiro en la frente. Podrán criticarme, me la banco, pero se lo merecía por robarle la inocencia a alguien de tan corta edad, al menos eso pienso yo… Necesitaba contarlo, nadie lo sabe, pero, aunque no lo crean, duermo tranquilo”.
Este mensaje apareció el 29 de abril en el hoy inactivo sitio web Tusecreto.com.uy, firmado por “Hombre, 21 años” y titulado “Por hijo de puta…”. Esta pequeña historia había motivado hasta el mes pasado una treintena de comentarios, la mayoría para aplaudir al supuesto asesino. “Che, ¿y salió en el diario? ¿En el noticiero? Loco, te felicito”, decía uno de ellos.
Quizás la narración sea apócrifa. De todos modos, los casos reales de injusticia por mano propia (no deberían llamarse de otra manera) son cada vez más habituales. Y un sector del público los asume con una liviandad extrema, pasmosa. Antes lo alentaban periodistas y medios de comunicación irresponsables.
Ahora los que clavan las espuelas son un senador oficialista y su líder, aspirante a la Presidencia.
El mes pasado, un par de vigilantes aficionados confundieron con un ladrón a un soldado veterano de misiones internacionales de paz que caminaba por una ruta. Lo encañonaron. Lo apalearon. Lo desnudaron. Lo rociaron con gasolina mientras lo amenazaban con prenderle fuego. Lo dejaron en una zanja, inconsciente, en calzoncillos.
En agosto, vecinos de Mercedes rodearon la casa de un hombre que, según decían, había manoseado a una niña. Cuando la Policía lo llevaba a la comisaría, una multitud se interpuso.
Alguien logró herirlo en la cabeza con una pala. Horas después saquearon su vivienda y la incendiaron.
Un muchacho de 19 años, adicto a la pasta base, recibió en julio un tiro en la cabeza. La versión policial indica que había tratado de robar en un gimnasio de la Unión. Apareció colgado de las piernas, enganchado de una reja, todavía vivo. Murió al poco rato.
Los episodios de injusticia por mano propia se suman a los de asesinato o lesiones en legítima defensa, de naturaleza muy distinta pero que se enredan en la visión de cierta prensa y cierto público. En dos meses hubo media docena, la mayoría de comerciantes frente a rapiñeros que apuntaban contra niños y mujeres.
El peor fue el caso de un niño de 13 años que el sábado mató a su padre de dos puñaladas, para que dejara de golpear a su madre. El lunes, los diarios publicaron el nombre del padre y la fotografía de la madre.
El niño quedaba, así, identificado sin posibilidad de error: el pixelado de su rostro en la entrevista televisiva fue un engañapichanga. Vecinos y periodistas leían un cuento de héroes y monstruos en una novela en que sólo hay víctimas.
La mayor parte del oficialismo de izquierda, confundida ante una campaña electoral que se le hizo cuesta arriba, echa mano al miedo que infunde en la población este trágico festival.
“No hay más remedio que armarse” ante la delincuencia, escribió en La República el senador Eleuterio Fernández Huidobro.
Y aseguró que la tenencia de armas “fue para los fundadores de la democracia un atributo de la libertad” y “lo sigue siendo hoy”.
Un argumento compartido con Sarah Palin y con buena parte de las derechas de todo el mundo.
Días después, el líder de Fernández Huidobro y aspirante a presidente por el sector mayoritario del oficialismo, José Mujica, dijo en un acto (en La Paz y no es chiste) que “en todas las casas hay un fierro”.
El lunes, por Canal 4, les avisó a sus vecinos de Rincón del Cerro que en su chacra “siempre” anda calzado.
“Algunas veces tiro al aire cuando siento ladrar mucho a los perros”, dijo.
Fernández Huidobro y Mujica hicieron lo que desde la derecha se le exige al Frente Amplio hace cuatro años: admitir el fracaso de la política de seguridad del gobierno. Fueron aun más lejos: desautorizaron los llamados oficiales al desarme de la sociedad.
Según ellos, es preciso vulnerar la prédica de la ministra Daisy Tourné porque los delincuentes seguirán armándose. Lo que no dijeron es que lo harán con las pistolas y rifles que les roben a familias, comerciantes, instituciones y chacareros.
Los autores en 1963 del robo al Tiro Suizo de Nueva Helvecia deberían saber eso mejor que nadie. La guerrilla tupamara en la que Mujica y Fernández Huidobro militaron empuñó esas armas para combatir a las autoridades. Cometieron errores. Fueron responsables de unas cuantas muertes. Con armas robadas.
Sus discursos de ahora suscitan dudas sobre sus intenciones de entonces. Porque Robin Hood se sacó el gorro. Y no era Robin Hood. Era Harry el Sucio.
Marcelo Jelen
Fuente:La Diaria
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Debo confesar que soy fanático de los fierros. Casi adicto diría, aunque mi condición actual no me permite agarrar un cuchillo y cortar eficientemente un churrasco. Pero eso no ha calmado mi adicción. Desde que el ejército puso un fusil en mis manos y me enseñó cuando y como apretar la cola del disparador,(vulgo gatillo), soy adicto. Y desde pistola 22 hasta mortero 81 he tirado con casi todo lo conocido en mi época de soldado. Pero nunca fui fierrero al cuete. Siempre mi cerebro gobernó a la máquina. Y sé que hacer con un fierro en la mano. Incluso cuando me ordenaron apuntar ese fusil contra el pueblo, (en dos ocasiones), me las ingenié para no cumplir la orden. Duermo tranquilo con mi conciencia de clase en paz. Siempre puse mi conciencia por encima de toda otra consideración. Si anda de acuerdo a la gente, bien, y si no me da igual. Aprendí a nadar contra la corriente. Para los que piensan que armarse para la defensa está mal, les digo que, en las actuales circunstancias , se equivocan de medio a medio. Y a los que pregonan que hay que armarse como solución al problema de la inseguridad, les digo que también se equivocan como los otros. Lamentablemente quienes manejan la sociedad desde el estado propician a sabiendas, y en muchos casos la incentivan, esta guerra de pobres contra pobres en una estrategia tan maquiavélica como bien pensada y ejecutada. Décadas de desocupación, falta de educación, salud, han hecho que para una gran franja de la sociedad no exista otra forma de conseguir lo indispensable que a través de la violencia. Que no es otra cosa que responder a esa otra violencia que se ejerce contra ellos. Pasa que a estas alturas se ha salido de madre y no hay códigos ni límites. Y todos nos hemos convertido en víctimas. Los que delinquen y los que son objeto de esa agresión del delito. Así, ninguna de las dos opciones representa una solución al problema porque ninguna ataca las causas. Pero al menos al que se arme para defensa le da una chance de no terminar siendo víctima, aunque sea a través de convertirse en victimario. Es entendible desde el punto de vista de la lucha de clases, que los burgueses creen este tipo de situaciones sociales. Concuerda con sus intereses de clase. Pero lo que indigna hasta grados superlativos es escuchar a los otrora revolucionarios, de izquierda, y que le prometieron, engañando al pueblo, cambios que nunca harán, ofrecer este tipo de soluciones casi suicidas. El agravante para estos personajes nefastos es que ellos saben cual es la raíz del problema y ni por joda piensan siquiera en denunciar, cuanto menos tratar de empezar a enderezar las cosas, ahora que el pueblo les confió esa tarea. Y solo se limitarán a hacer la tarea sucia de sus amos, convertidos ahora en abyectos lacayos. Espero que no falte mucho para el día en que la patria se los demande, porque de ser así, se cumplirá solo la mitad de la consigna y ya no habrá patria para nadie.
En cuanto al delito específico de violación no albergo dudas. Comprobado el delito, muerte al violador. Para mí no cabe otra. Primero por lo aberrante del delito en sí. Y después porque aun los psiquiatras están de acuerdo en que ese tipo de patología es irreversible y por lo tanto el que la padece es irrecuperable. De modo que aun por una cuestión de profilaxis social debe desaparecer. Porque de recuperar la libertad, volverá a cometer ese delito. Las estadisticas muestran que el porcentaje de reincidencia es altisimo.