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Cuando el lunes 24 de noviembre de 2008 los más altos dirigentes del Partido Socialista conocen la decisión de Vázquez de pedir la baja de sus filas, inician las gestiones para convencerlo de desistir. Algo difícil pues Vázquez, como buen capricorniano, es muy firme en sus resoluciones.

Dos medidas se habían tomado entonces: una ronda de contactos tratando de torcer la decisión de Vázquez y un blindaje de caja fuerte para guardar el silencio.

La noticia, divulgada rompió el blindaje.
El Partido Socialista había tratado de caminar en puntas de pie, pero los hechos demostraron que lo hacía sobre un campo minado. Bastaba pisar en falso para que la bomba estallara… y estalló.

Hasta las 6 de la tarde del jueves nadie había leído en el Partido Socialista el contenido de la carta, excepto Eduardo Fernández y Reinaldo Gargano; la había escuchado al teléfono la senadora Mónica Xavier; sabía de su contenido por boca del propio Vázquez el vicepresidente Nin Novoa pero, además de estas jerarquías del Partido Socialista, sólo los ministros pertenecientes al sector (Daniel Martínez, Daisy Tourné, Gonzalo Fernández y Alvaro García) conocían la gravedad del asunto tratado en la carta y buscaban afanosamente conseguir una reunión entre Vázquez y la cúpula del PS que, hasta el cierre de esta edición, no se había obtenido.

Mientras los ministros insistían sin éxito, el socialismo jugaba otra carta, designando a la ex ministra de Defensa Azucena Berruti para que intentara cambiar la voluntad del presidente.

“No sólo queríamos conversar con él por su renuncia, queríamos decirle que seguiríamos apoyándolo aunque mantuviera su postura”, dijeron fuentes consultadas.

Nadie podía suponer una consecuencia política de semejante magnitud .’Todo había comenzado como una marcha por el derecho sexual y la salud reproductiva y terminaba, meses después, en la renuncia del presidente Tabaré Vázquez al Partido Socialista.

Para algunos, por la misma puerta que abre Vázquez para dejar el Partido Socialista, esta colectividad, el Frente Amplio y la izquierda toda entran en una nueva etapa que puede transformarse en “vazquizmo”.

Nadie, alzando la emblemática mano naranja que identificaba la postura contraria al veto de Vázquez en una manifestación podía imaginar que promovía, además de una ley, una renuncia.

Lo cierto es que el presidente meditaba la decisión de renunciar desde el momento mismo en que el Congreso del Partido Socialista resolvió promover, con su voto, la nueva ley de salud sexual y reproductiva que Vázquez anunció que vetaría.

Desde el lunes 24 ya no integra formalmente el partido. Y no por discrepar políticamente, ni porque el partido discrepe con él -de hecho, en la mañana del jueves se descontaba que la reunión del Comité Central no aceptaría la renuncia de Vázquez-, lo hace por razones que Reinaldo Gargano y Eduardo Fernández prefirieron guardar en un sobre cerrado.

Martín Generali
Fuente:Caras y Caretas


Comentarios

1 Comentario

  1. mario el Sábado, 6 dUTC diciembre dUTC 2008 - 09:51

    Pobrecito el nene se ofendio y salio llorando a decirle a sus papas que no lo dejan jugar a lo que el quiere jugar.Que bajo a caido este gobierno,que prometio villas y castillos para todos los Uruguayos .Promesas que se las lleva el viento no jueguen con los sentimientos de la gente que confio en Uds.Nunca mas tropiezo dos veces con la misma piedra.

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