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LA OPINION DEL SENADOR ALBERTO COURIEL: LA INFLACION, EL DEFICIT FISCAL Y LA IZQUIERDA
publicado en Analisis Economico | 0 Comentarios
En un reciente artículo del premio Nobel de economía Paul Krugman titulado “El gran miedo a la inflación” se plantea el temor de muchos economistas sobre la reaparición de la inflación en Estados Unidos por la emisión monetaria y por los altos déficits fiscales.
La ortodoxia económica no nos sorprende porque la realidad internacional, en contradicción a lo que estos economistas plantean, muestra un alto grado de recesión económica y muy leve alza de precios internos. Economistas de América Latina y de Uruguay también plantean permanentemente sus preocupaciones por la inflación y el déficit fiscal.
En esencia sostienen que la política macroeconómica debe centrarse en atender estas dos grandes variables, porque el mercado y el sector privado resolverán los problemas del crecimiento, de su adecuada distribución, del desempleo, de la pobreza y de la indigencia.
Cualquiera sea la situación en el punto de partida, siempre plantean la realidad o la potencialidad de la inflación y el déficit fiscal.
Consideran que las causas de inflación derivan de factores de demanda, especialmente de demanda monetaria por la expansión de medios de pago y por los aumentos en el gasto público.
Es mejor que no haya inflación a que existan brotes inflacionarios. Inflaciones galopantes son muy negativas porque dificultan los cálculos de rentabilidad para promover la inversión y porque genera desigualdades entre distintos sectores sociales que tienen diferente poder para enfrentar los aumentos de precios internos.
Cuando estamos en niveles de inflación de un dígito, los efectos negativos son considerablemente menores, pero la preocupación de la ortodoxia económica se mantiene porque, para ella, esa es la función central de la política económica.
Enfrentar la inflación requiere analizar la realidad para conocer sus verdaderas causas.
Las recetas del FMI son clásicas para cometer tremendos errores sobre los orígenes de los procesos inflacionarios.
En determinadas circunstancias pueden existir factores de demanda por una inconveniente expansión de medios de pago que, en determinadas ocasiones, más que aumentar la demanda de bienes y servicios, se dirigían a la compra de dólares, lo que significaba aumentos desmesurados en el tipo de cambio y los aumentos de precios internos derivados de este factor de costo.
Pero no es lo que ocurre en la realidad, ya que el tipo de cambio está bajando.
Podría haber aumento de la demanda por un incremento desproporcionado del gasto público, pero éste crece por debajo del ritmo de crecimiento del PBI.
No creemos que, en la actualidad, estén jugando factores de demanda interna.
Si analizamos los precios mayoristas de los últimos doce meses encontramos una inflación de prácticamente cero, con aumentos en los rubros agropecuarios fruto de los precios internacionales y un fuerte descenso de -7,9% en la industria manufacturera.
Estos datos no resisten presiones de demanda aunque exista déficit fiscal. En realidad para Uruguay hay factores más importantes que los clásicos de demanda, como la evolución de los precios internacionales del petróleo y de los rubros agropecuarios de exportación, que son relevantes para el consumo interno.
También influyen las expectativas de los agentes económicos que no se manifestaron negativamente en los últimos años.
Además, son también relevantes los factores de costo como una devaluación abrupta y desproporcionada, aumentos impositivos e incrementos de salarios por encima de las mejoras de la productividad.
Hoy el tema de la inflación no presenta grandes dificultades. Los precios al consumo aumentaron en los últimos doce meses el 6,8%, lo que significa un aumento de precios relativamente controlable.
Sin embargo, los economistas de la ortodoxia seguirán insistiendo porque es el tema central que les preocupa, aunque en el mundo desarrollado pasó nítidamente a predominar como objetivo prioritario de la política económica las necesidades de combatir el desempleo abierto y de sostener el empleo.
En esencia, lo más relevante es luchar contra la inflación analizando sus causas directas en cada circunstancia y no usar recetas perimidas.
En el caso de Uruguay queda un desafío importante. Con inflaciones de un dígito no es conveniente usar la política cambiaria para combatir la inflación afectando la competitividad económica. Las experiencias en este sentido fueron nefastas.
El otro gran factor de preocupación de la ortodoxia económica es el déficit fiscal como causa de inflación, de endeudamiento, de expectativas de los agentes económicos, de elevada presión tributaria que limite los ahorros disponibles para la inversión privada.
El déficit fiscal es positivo o negativo según la evolución del ciclo económico.
En la actualidad en los países desarrollados se lo utiliza como un incremento de la demanda interna para enfrentar la recesión económica.
EEUU está en dos dígitos de déficit fiscal sobre el PBI, el Reino Unido casi en el 10% y los países de la Unión Europea superando sus techos máximos de 3%. En el mundo desarrollado no se habla de equilibrio fiscal sino del tamaño del déficit.
En cambio, la ortodoxia de América Latina sigue pensando en términos tradicionales.
En el caso de Uruguay, el déficit fue relativamente bajo y no se financió con expansión monetaria sino con endeudamiento. Por ello no influiría sobre la inflación.
La presión tributaria bajó durante el gobierno del Frente Amplio por lo que no tendría influencia sobre la inversión privada ni sobre las expectativas de los agentes económicos.
El déficit fiscal previsto para el año 2009 es de los más bajos de América Latina. Permanentemente les preocupa el aumento del gasto público porque no aceptan sus funciones vitales de atender los problemas sociales, las desigualdades y las dificultades de crecimiento económico derivadas de la crisis económica internacional.
Frente a esta situación Paul Krugman señala en su artículo: “Todo esto plantea la siguiente pregunta: si la inflación no es un riesgo real ¿por qué todas esas afirmaciones de que sí lo es?
Bien, como ya se habrán dado cuenta, a veces los economistas disienten. Y las grandes discusiones son especialmente probables en tiempos extraños como estos que corren, en los que muchas de las normas habituales ya no son válidas.
Pero es difícil que a uno no le dé la impresión de que el actual alarmismo respecto a la inflación es en parte político, y que procede en gran medida de economistas que no tenían problema con el déficit causado por las rebajas de impuestos, pero que de repente se convirtieron en cascarrabias fiscales cuando el gobierno empezó a gastar dinero para sacar la economía a flote.
Y su objetivo parece ser el de presionar al gobierno de Obama para que abandone los planes de recuperación.
Huelga decir que el Presidente no debería dejar que le intimiden. La economía sigue teniendo grandes problemas y necesita una ayuda continua”.
En Uruguay la izquierda no debería sentirse presionada ni intimidada por la ortodoxia económica que fracasó estrepitosamente con la actual crisis económica internacional.
Fuente:La República

























