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En nuestros días estamos viviendo en una sociedad a la que hemos llamado capitalista, pues toda la infraestructura económica está dedicada a la producción de capital y más que nada a su acrecentamiento y reproducción.

Sucintamente podemos decir que es una sociedad injusta pues al estar dividida en clases sociales agrupadas según la propiedad de los medios de producción, sólo una pequeñísima parte de ella, que ha logrado hacerse con esa propiedad, explota el trabajo de la inmensa mayoría en su provecho.

Llegando a la depredación de esa naturaleza que, originalmente debía dominar para sustento de toda la sociedad. Y la única fórmula que respeta a rajatabla es la de costo-beneficio.

Cuenta para ello con una superestructura ideológica muy desarrollada y cada vez más sofisticada, (medios de comunicación, sistemas de educación, religiones, etc.) que logra que las grandes mayorías todavía no hayan logrado tener conciencia clara de los peligros que enfrentamos y enfrentaremos en lo sucesivo hasta que esta sociedad se destruya, (por si misma o porque la raza humana en su conjunto haya adquirido algún nivel de conciencia que le permita ver esos peligros), y haga nacer una sociedad más justa.

De esas dos posibilidades depende cuan larga será la agonía de toda la especie.

Es imposible calcular en término de años cuanto durará esa agonía. Lo que es seguro es que será mucho más corta si la humanidad, habida cuenta de el nivel de conciencia que adquiera, la destruye antes de que su fin sea el natural.

Y aquí vamos, por fin, al tema del título de la nota. Al idea es que, al estar desquiciada y corrompida la base económica de la sociedad, (los últimos acontecimientos lo demuestran casi sin discusión), la superestructura ideológica, que sigue dialécticamente todos sus procesos, también se corrompa en el mismo grado.

Y se pongan de manifiesto cosas, que en tiempos más prósperos no se notaban tanto. O no existían.

Ahora todo, prácticamente todo nace o tiene que ver en actos de corrupción. Del mismo modo en que ya no hay margen para desarrollar la economía si no es fraudulentamente, es imposible mantener siquiera una fachada moral, antes posible. Y entonces vemos como los políticos corruptos, (todos lo son hasta que demuestren lo contrario), usando la superestructura ideológica, en este caso los partidos políticos, (todos ellos), se hacen del mando y por ejemplo emiten bonos de deuda que no valen ni la tinta con que fueron impresos y retiran dinero contante y sonante(, del poco que anda por ahí todavía fruto del trabajo del pueblo). O directamente se afanan la guita al mejor estilo ru-fu-fu.

Y si alguna vez esto llega a oídos de la ¿Justicia?, esta se las ingenia, o porque va algo en la mordida o porque saca algún tipo de prebenda a cambio, para ignorar o sobreseer al delincuente disfrazado de político. Tudu bon, tudu legal.

Mientras en la otra punta de la escala social, los delincuentes creados por el sistema económico, (jóvenes sobretodo), a quienes se les niega sistemáticamente educación, salud, trabajo, afectos que lo contengan, perdidas ya todas las fronteras que tuvimos en otros tiempos, te matan por el escaso tesoro de un par de zapatillas y un celular.

Intrínsicamente, el delito es el mismo. Son apenas dos versiones diferentes. Y yo calificaría al primero de más peligroso. Afecta a todo un pueblo. El segundo es personalizado. Afecta a personas con nombre y apellido.

Pero que tiene mucha más prensa, que moviliza mucho más a la gente que es bombardeada diariamente y por largas horas con el tema por los medios. Al otro te lo disfrazan con terminología académica y si no entendés como funciona el sistema, ni siquiera lo mirás.

Sobre el delito de los políticos y funcionarios se habla poco, y si se llega a hablar, te lo envuelven de manera que no entiendas ni jota.
Sobre el otro se gastan ríos de tinta y horas de TV. (hay un canal que de tanto en tanto trasmite el cortejo fúnebre incluído como si fuera una carrera de F1), tratando de exacerbar al público, naturalmente dolido para provocar el tipo de respuesta que ellos,(los que mandan y hacen posible esa forma de vivir y delinquir), quieren. Y ahí se anotan como gusanos en una bichera todo tipo de imbécil.

Pidiendo justicia,(que nunca llegará), los mas quedados; manos duras, manos más duras, penas de muerte directa los más exacerbados. Y luego llegan los más intelectuales con sus diagnósticos de escritorio. Sociólogos, expertos en temas de seguridad, sicólogos de pacotilla, psiquiatras más locos e imbéciles que sus pacientes. Etc. etc., etc.

Y todos, absolutamente todos, intelectuales o no, siguiendo la consigna del sistema. Meen todo lo que quieran al árbol, pero no permitan que la gilada se de cuenta de que atrás hay un bosque.

Porque ahí está la raíz de todos los problemas que nos aquejan, no sólo el de la inseguridad, apenas uno entre tantos. Porque ese bosque es el sistema mismo que nos alimenta a todos los corruptos y debe durar lo más posible. Y es ahí donde debemos llegar y limpiar de toda rama podrida.

¿Utopía?. No. Las utopías son imposibles. ¿Esperanza?. Mucha. Sin ella casi nada es posible.

¿Fe?. Seguro. La biblia dice más o menos que la fé es la confirmación de que hay cosas que si bien no vemos, ahí están.

Ahí está pues, seguro el día que entremos al bosque y podemos todo lo podrido y corrupto que ha acumulado la historia y renovemos la esperanza en un mundo mejor para nuestra descendencia.

Juan Dellepere.Buenos Aires, junio 2009


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