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La semana pasada invité a los blancos a comprometernos a luchar juntos contra dos amenazas a las inversiones: el infantilismo de izquierda y la corrupción en el gobierno. Me temo que no les gustó porque sólo recibí descalificaciones. Voy a insistir porque no se trata de un asunto menor.

Empiezo por las cosas en las que yo puedo ayudar: me comprometo a seguir trabajando para que la izquierda tome cada vez mas distancia de algunas inercias ideológicas que nos vienen de los años setenta.

Me refiero a cosas como el amor incondicional a todo lo estatal, el desprecio por los empresarios o la maldad intrínsica de los EEUU.

Si quieren lo grito: ¡abajo los esquemas! ¡arriba la izquierda que es capaz de pensar afuera de la cajita!

En otras palabras, estoy recontra curado de las simplificaciones, de la división del mundo en buenos y malos, del pensamiento en blanco y negro. Arrepentido, si quieren.

Ahora pregunto: ¿están los blancos curados de las prácticas políticas que los llevaron a manchar su reputación?

¿Han cambiado los criterios que usaban para elegir a los directores de las empresas públicas o los mandos intermedios del estado?

Lo que todo el Uruguay sabe no se arregla pidiendo “no debatir sobre el pasado y hacerlo sólo sobre el futuro”. En el futuro todos somos la Madre Teresa.

Es cínico pedirle a una sociedad que disimule saber lo que sabe.

Que es lo mismo que apareció en todos los diarios en su momento y lo mismo que se dijo en radio Sarandí hace 3 semanas. **

De esto no se sale con silencio.

Se sale aceptando los errores y explicando por qué no se van a volver a cometer.

Especialmente, comprometiéndose a abandonar la costumbre de pagar con cargos en la administración los votos que arriman los operadores.

Por ese camino más de un atorrante terminó sentado en sillones con poder y presupuesto, aunque no supiera nada de la tarea y aunque fuera ligerito de manos.

El caso del presidente del Banco de Seguros durante la administración Lacalle, cuyos delitos tanto salpicaron al gobierno, me parece un ejemplo perfecto.

¿Por qué se lo nombró presidente del Banco de Seguros sin tener ningún antecedente ni de bancos, ni de seguros, ni de gerente ni de nada, excepto acarrear votos?

Porque tenía una lista propia que en el 89 marcó 7914 votos. Con eso, menos del 2% de los votos que sacó Lacalle, le alcanzó para cobrar su contribución con el cargo.

Cuando Lacalle envió al Senado el pedido de venia para nombrar a este señor, en el curriculum adjunto figuran méritos como haber sido miembro de la Comisión Municipal de Fiestas y funcionario de la Corte Electoral.

Es decir que fue nombrado con perfecta conciencia de su incapacidad para la función.

¿Saben a quién designó el gobierno del Frente en ese mismo cargo? A un gerente del banco con más de 20 años de experiencia y que nunca en su vida consiguió un voto.

Pagar con cargos ha sido un mecanismo repetido hasta el infinito por blancos y colorados. La lógica era: cuantos votos arrimás tanto sillón conseguís.

Por ese camino discurrió durante décadas la corrupción y la desidia en el manejo de la cosa pública.

Alimentar las maquinarias partidarias condicionó a todos los gobiernos blancos y colorados.

No solo a Lacalle, también a Sangunetti y a Jorge Batlle. Todavía recuerdo a este último, siendo presidente decir que no le gustaban muchos de los directores de empresas públicas que el mismo había nombrado.

Y si no te gustaban ¿por qué los nombraste Jorgito?

Porque había que pagar deudas políticas.

Y ese era Batlle, de cuya honradez nadie duda.

La decencia y la vocación de servicio son cosas demasiado importantes para sacarlas de la discusión.

Podemos discutirlas por “todo lo alto”, como dicen los blancos, pero no se pueden silenciar. Si el tema les duele, de acá a octubre hay tiempo de sobra para reconocer los errores y comprometerse a no repetirlos.

Yo he hecho mi sincera autocrítica y pretendo que se me crea.

Estoy completamente dispuesto a creer la de los blancos, cuando la hagan.

** El senador Mujica se refiere a una entrevista que le realizara al Dr. lacalle el periodista Ignacio Alvarez y que ninguno de los grandes medios quiso reproducir (miedo ?).
Si quien leer lo que se dijo:

uruguayescribe.com/2009/06/16/nacho-alvarez-dr-lacalle-su-esposa-con-las-leyes-actuales-hubiera-sido-procesada/


Comentarios

1 Comentario

  1. Guillermo Caetano el Jueves, 9 dUTC julio dUTC 2009 - 14:57

    Las diferentes opiniones que debemos escuchar del candidato frentista, nos desconcierta y quizá ese sea su intención. La falta de un acuerdo con su compañero de fórmula y la forma como la circunstancia en que se dio ese desencuentro hacen pensar que la propuesta es poco seria como para considerarla una opción de gobierno, En mi opinión resta más que suma. Es una conducta totalmente antojadiza y con dichos que llevan a presumir una política sectaria y en conflicto no solo con la oposición, sino también con sus correligionarios, aquellos que no comulgan con sus ideas. Llevar al poder con el voto a esta fórmula para el ejecutivo, es una suerte de ruleta rusa que está entre sus grandes posibilidades de arrastrarnos al desastre. A pesar que el Cdor: Astori, aceptó, según parece no de buen gusto como elemento modulador delo desbordes del candidato y a solicitud del Dr. Vazquez, es dudoso que pueda moderar una personalidad como la de Mujica, que bajo una apariencia de popular y bonachón, se enmascara un sujeto voluntarioso y de caprichos. Se que muchos que lo votan, su determinación nace de un derseo de aplastar a los candidatos de los partidos tradicionales en especial al que tiene mayor chance, que indudablemente es el Dr. Lacalle. Yo me pregunto ¿es realmente una actitud sana, la que nace del rencor y la venganza? El voto frentista es un voto cautivo y quienes así lo entienden no cambiarán su opinión. Pero parte de la ciudadanía prestó su voto y para ellos va este mensaje con la única intención que mediten sobre este tema y se conduzcan de la manera que su conciencia les dicte lo que es mejor para el país. No podemos continuar a los empujones, con discursos panfletarios pra luego de llegado al poder borren con el codo lo escrito en la arena. El Senador Mujica carece del perfil necesario para el desempeño de la más alta posición dentro del Poder Ejecutivo, independientemente del apoyo de sus correligionarios (que no son todos) Es probable que no tengamos para elegir, el candidato ideal, pero dentro de lo que hay elijamos al mejor, que ese mejor no es el Senador Mujica, más aun si consideramos que tenemos un regimen constitucional de corte presidencialista.

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