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El caso del supuestamente ultrajado despacho del senador blanco Ruperto Long en una noche del pasado agosto 2009, es falso. Todo ese alboroto que armó, diciendo poco menos que agentes secretos del Frente Amplio habían invadido su lugar de trabajo, era como aquella canción de los 60′ del grupo The Fortunes, Storm in a Teacup (Tormenta en una taza de te) o quizás un alocado sueño de una fría noche de invierno, luego de mirar una película de James Bond.
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No hubo extraños revolviendo sus papeles. Inadvertidamente una secretaria del legislador dejó las puertas abiertas, en tanto el desorden del despacho es algo inherente a Long.

Long relacionó el “robo” con su denuncia contra Topolansky y el FA. La noticia corrió por los pasillos del Palacio Legislativo cual reguero pero de nafta.

El miércoles 26 de agosto en horas nunca determinadas, intrusos habrían ingresado al despacho del senador del Partido Nacional Ruperto Long y revuelto sus pertenencias en busca de vaya a saber uno qué cosa.

“Puede ser, no puedo descartar que tenga que ver el atentado con la denuncia; llama la atención, es una increíble casualidad”, decía casi mecánicamente el legislador Long ante cuanto micrófono se le colocaba delante. Los intrusos no habían hurtado nada de valor. Tampoco documentos personales.

Estos detalles no hacían otra cosa que alimentar la intriga del repudiable incidente denunciado ante la opinión pública.

Long destacó que el acto “trasciende” a su figura por la gravedad que significa que sea violado un despacho de un legislador.

Ocurre que aún hoy el senador de Alianza Nacional parece estar “convencido” de que hay una relación entre el ingreso de desconocidos que sufrió en su despacho del Palacio Legislativo, ubicado en el segundo piso del viejo edificio y por el cual se accede de una única manera, que es a través de un antiguo ascensor y la denuncia pública que exclusivamente realizó al semanario “Búsqueda” y que éste publicó el jueves 27 del mes pasado.

La misma refirió a una “millonaria exportación de libros” a Venezuela por parte de una sociedad anónima en la que “estaría involucrado un familiar de la senadora Lucía Topolansky”, lo cual posteriormente se comprobó que era falso.

El martes 15 de setiembre en el programa televisivo “Buscadores”, de Canal 5, Long llegó incluso a reiterar que le llamaba la atención la concordancia de hechos entre su denuncia y el ingreso nocturno a su oficina. “Oh casualidad”, dijo.

Hasta aquí lo que algunos medios reflejaron hasta hoy pero que, en definitiva, nada tuvo que ver con la realidad.

Al despacho del senador Ruperto Long no ingresó absolutamente nadie en ningún momento. Por lo menos cuando públicamente se denunció que sí había sucedido y en medio de una trama de espionaje.

Tampoco revolvieron sus documentos y carpetas para luego dejarlos desordenados. La solución al extraño caso de las puertas abiertas de su oficina y de sus carpetas, papeles y lapiceras desparramadas por el piso, la conoció el propio Long a las pocas horas de ser denunciado.

Las pericias que llevó adelante el destacamento de seguridad policial del Palacio Legislativo arribó a la siguiente conclusión: las puertas del despacho del senador Ruperto Long quedaron abiertas por un descuido de una asistente del legislador la noche anterior.

Los papeles en el piso cayeron por sí solos debido a que estaban contenidos en carpetas de plástico de cobertura resbaladiza y unas encima de otras.

Y el desorden en su escritorio forma parte del desempeño cotidiano del propio legislador; es inherente a su manera de trabajar.

El senador nacionalista se enteró de lo realmente ocurrido algunas horas después del mismo miércoles 26 de agosto.

Sin embargo, llegó hasta este martes 15 de setiembre sosteniendo en el programa “Buscadores” la teoría del espionaje como consecuencia de su denuncia de venta de libros a Venezuela por parte de un lejano pariente de la senadora Topolansky.

Las cosas pasaron así.

Una asistente de Long dejó sin el cerrojo de seguridad una de las hojas de la puerta de acceso a la oficina. Son antiguas y una de ellas contiene en el canto interno un pasador para fijarla al piso.

Un impedimento transitorio en una de las manos de la secretaria le imposibilitaba cerrar como es debido una de las hojas de la puerta, provocando que ésta se abriera por sí sola pasadas las horas y cuando ella ya no se encontraba en el lugar para ­llegado el caso­ corregir el error.

Las puertas se habían abierto más de lo usual para permitir el ingreso al despacho de una caja de importantes dimensiones. Eso fue en la noche del miércoles 26 de agosto.

El responsable de la seguridad del Palacio Legislativo, el comisario inspector José Luis Rondán, comentó al diario La República que no hubo necesidad de avanzar en la investigación ­ni siquiera en las pesquisas de las huellas dactilares tomadas en la aludida puerta­ tras conocerse la causa del falso despacho ultrajado que Long calificó siempre de “atentado”.

Las mentiras tienen patas cortas Senador Long.

Fuente:La República


Comentarios

2 Comentarios

  1. Jose Bonjour el Sábado, 19 dUTC septiembre dUTC 2009 - 08:17

    Es parte de la campaña del partido nacional, fomentar el miedo, miedo a que? por favor uruguayos y uruguayos miremos para adelante.

  2. The Mandril el Domingo, 20 dUTC septiembre dUTC 2009 - 12:33

    Coincido, es parte de una sucia y oligarca campaña pero…¿cuando vamos a parar de darle pasto a las fieras? No debemos olvidar que el frente tiene el gobierno pero no el poder. A no ser Televisión Nacional y TV Ciudad, las demás señales están diaria y sistemáticamente dando “manija” y tirando centros a la olla. Ojo, falta poco…muy poco.

    Salute

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