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LA OPINION DE JUAN DELLEPERE: ESTADISTICAS: MENTIRAS VERDADERAS O VERDADERAS MENTIRAS ?
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“Cualquiera se inventa una estadística con tal de demostrar algo y eso lo sabe el 12% de la gente”, lo dijo Homero Simpson, pero esta paradoja no tiene mucho que ver con este personaje de ficción aunque esta frase, en particular, sí está muy relacionada.
La paradoja de Simpson o efecto Yule-Simpson describe el cambio en el sentido de una asociación entre dos variables cuando se controla el efecto de una tercera variable. Esta es sólo una de las múltiples formas existentes para “manipular” estadísticas.
Al respecto, invito a leer un excelente artículo aparecido en El Tamiz, (eltamiz.com/), titulado Alienígenas matemáticos, donde describe en un lenguaje accesible dicha paradoja matemática referente a las estadísticas.
¿A que viene pues toda esta introducción?
A que en la actualidad, estamos permanentemente bombardeados por datos estadísticos referentes a cualquier tema.
Ya casi nada está expresado en términos reales y todo se reduce a tantos por ciento. Así los pobres no somos tantos millones que arrastramos penosamente nuestras vidas por este mundo. Somos un X por ciento.
Lo mismo sucede con los indigentes, los desocupados, los infectados por un supuesto virus, los que manifiestan intenciones de votos, los que al final terminan votando, etc.,y varios etcs.
Lo que se busca, aún no queriendo manipular la realidad, (cosa que generalmente se hace), es reducir y minimizar frente a la opinión pública el impacto de números reales.
Citando cifras de la Argentina, (solo para dar un ejemplo), no es igual, o no impacta tanto decir que hay un 40% de pobres, (según cálculos conservadores), que decir que somos 16.000.000 de desgraciados en este país donde la abundancia debería ser lo normal. 40 aparece hasta despreciable frente a 16.000.000. 40% es hasta una cifra abstracta.
Pero decir 16.000.000 expresa cantidad de personas, de seres humanos. Al 40% se llega después de intrincados procesos matemáticos que pocos manejan.
A los 16.000.000 los vemos todos los días arrastrando sus penurias para poder siquiera parar la olla todos los días.
Nosotros somos parte de esa multitud que se quiere diluir detrás de dos dígitos. Y el impacto es otro.
Nunca oí decir, por ejemplo, que el nazismo liquidó en los campos de concentración un 0.3% de la población mundial de esa época.
Se machaca hasta el cansancio con una cifra: 6.000.000.
Siguiendo el razonamiento, la dictadura militar en Argentina hizo desaparecer al 0.1% (en valores aproximados) de la población.
Cifra que suena irrisoria si no supiéramos que hay 30.000 seres humanos escondidos tras esa cifra.
Y todo eso sin querer manipular la realidad.
El 0,1 % de los militares argentinos y el 0,6% de los nazis, surge a partir de hacer una simple regla de tres simple (valga la redundancia), al alcance de un chico de primaria.
Nada tienen que ver esos cálculos, insidiosos de por sí, con los que nos presentan día a día los encuestadores “profesionales”, (que sí suelen utilizar la famosa paradoja de Simpson), pagados por quienes encargan las encuestas de marras que no son más que elementos de propaganda vestidos con un ropaje matemático y científico que les da credibilidad a quien no conoce el tema.
Aún los que se dedican al oficio utilizando un sistema rigurosamente matemático, como es la estadística inferencial, debieran tener la suficiente honestidad de advertir al público con que elementos confeccionaron la encuesta, pues es a partir de ese dato que se puede valorar lo acertado o no de sus resultados.
Quedan excluidas de este comentario las encuestas hechas por científicos para dar apoyatura a tal o cual investigación y que sólo son tomadas como referencias que, aplicadas a los diferentes temas considerados, conduzcan a dar soluciones prácticas a dichas investigaciones.
A éstas podríamos clasificarlas como “mentiras verdaderas” y de hecho lo son hasta que la práctica las convierte en verdades científicas.
Las que nos quieren hacer pensar o actuar de tal o cual manera, según el gusto de quien las encarga, y que llenan diarios y televisión todos los santos días, son en su mayoría “verdaderas mentiras.”
JUAN DELLEPERE

























