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El médico José Narro Robles (Saltillo, Coahuila, 1948), rector desde hace un par de años, recibió el pasado viernes 23 el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades por “nuestra influencia en Latinoamérica, la relación con las universidades españolas” y haber acogido al exilio español.

“A mí me toca recibir el premio, pero los que se lo merecen son otros y algunos ya no viven. Es para los que acogieron a José Gaos, a Giral, a Bolívar, a Xirau, al caudal maravilloso de humanismo.

México no sería mejor sin la UNAM; y la UNAM no sería igual si no hubiera tenido el exilio, esa inyección de inteligencia, de sensatez, de valores y principios. Sin valores somos una parte menor del reino animal, una más de las especies”.

El doctor pregunta al camarero: “Si usted fuera el que fuera a comer, ¿tomaría la merluza o la lubina?” “Tomaría el rodaballo”, responde el hombre. “Rodaballo entonces”, acepta el rector. “Él es el experto, él sabe lo que está pasando en la cocina”.

Narro lleva casi toda su vida en esta universidad -”tengo 45 de mis 61 años ligado a ella, como estudiante, como profesor”- y se siente “orgulloso depositario de toda una herencia” que empezó en 1551 -”se creó a imagen y semejanza de la de Salamanca”- y que se renovó a principios del siglo XX.

“Es imposible entender al México actual sin la UNAM; hay muchas universidades que serán mejores, pero es muy difícil encontrar una que represente tanto para un país como lo que ésta representa para México”.

“Óigame, esta croqueta es muy buena. Es diferente”. (Ya puede: casi seis euros por pieza).

¿Qué UNAM quiere el rector? “Una con pluralidad, tolerancia, diálogo, debate, pero también con decisiones. Queremos una universidad crítica, pero no militante; libre, pero no antagónica”.

¿No militante? ¿Cómo se hace eso? “Permitiendo y estimulando y respetando de verdad esa pluralidad: eso supone aceptar que tal vez el vecino tenga la razón. Quien piensa como dogmático ya perdió el sentido universitario. Un universitario tiene que retar, que estar dispuesto a desafiar su propia verdad para empezar, su propia forma de ver las cosas”.

¿Cómo se ve en el espejo cada mañana alguien con tanto poder? “Ser rector de la UNAM conlleva tener autoridad moral. Nada más. Cuando en la mañana José Narro se ve al espejo, ¿sabe qué?

Ve a un hombre feliz de ir a su trabajo, con un enorme compromiso con esos jóvenes, con los grandes investigadores que tengo… yo hablo con los alumnos, sigo dando clases para no perder el contacto con la realidad y porque me gusta, porque disfruto.

Alcancé lo que quería, soy rector. Ahora tengo otra tarea: quiero ser un buen rector. No sé si lo voy a conseguir”.

El doctor vuela a Oviedo. “El postre en México. En la UNAM. Me encantaría que esto que le he dicho, que usted puede darlo por bueno o no, lo viera. Me gustaría que me permitiera enseñarle por qué se me llena la boca de orgullo al hablar de mi universidad”.


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