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Cuáles son los escenarios posibles ? El candidato blanco debería lograr la conjunción de varios astros para que los resultados le fueran favorables y él, político desde la cuna, lo sabe y lo sabe bien.
Solo si todos los votantes del partido nacional, más todos los votantes del Partido Colorado más todos los votantes del Partido Independiente lo siguen podrá alcanzar y superar el porcentaje de votación que posee el Frente Amplio.
El próximo acto eleccionario se resuelve por mayoría simple, esto es que la mayor cantidad de votos emitidos sin contar los votos anulados o en blanco, gana.
En pocas palabras, un verdadero milagro matemático podría lograr que la sumatoria de todos los elementos antes mencionados se transformara en una victoria.
Es previsible que no todos los blancos lo van a acompañar, no todos los colorados (más si se toma en cuenta que el discurso de resurrección de De León no alienta para nada esta posibilidad) ni todos los independientes.
También es previsible que los frenteamplistas voten igual o superior a la primera vuelta pero no menor, y que no tengan emisión de votos anulados o en blanco. Eso estrecha cada vez más los márgenes hasta hacerlos inexistentes.
El Dr. Lacalle, debería considerar todas estas posibilidades y ahorrarle al país el innecesario escenario de un nuevo enfrentamiento en las urnas que desgastará su imagen, la de su partido y que no solo no sumará nada a la causa “anti-frentista” sino que por el contrario le dará una espectacular oportunidad de demostrarle al resto de la población que es la primera fuerza política del país.
La que obtiene mayorías parlamentarias y que, además, gana en la segunda vuelta por un margen aún mayor.
La tibia adhesión de Pedro Bordaberry que a ojos vista denota en una ulterior instancia y a través de una ingeniería electoral de largo aliento apuntar a la reconstrucción aún más profunda del Partido Colorado sobre el cadáver de su tradicional adversario, el Partido Nacional, al que, al ofrecerle su apoyo, le firma un certificado de defunción asistida.
Hay algo genético en esta forma de operar políticamente, si recordamos el periplo de su “inmencionado” padre (ruralista, blanco, colorado, golpista, etc).
Por otro lado, la política del Uruguay no concluye en los próximos 5 años y en el 2011, Lacalle y Mujica serán historia reciente, pero historia al fin, lo que quedará para atrás y en pie, serán los partidos. Algunos más afirmados, otros medianamente sostenidos y otros devastados.
El escenario para el 2011 y tal vez así lo perciba el Dr. Bordaberry será el de un Frente Amplio con 10 años de gobierno, desgastado por el devenir de la política cotidiana, un Partido Nacional, acéfalo y con más derrotas que victorias en su haber y mortalmente herido y un Partido Colorado, renovado, rutilante, con un candidato joven y una aproximación a la Intendencia de Montevideo en estas próximas elecciones, que hará titubear las urnas (De León, el convencido, será sin dudas el candidato a la IMM).
Por eso esperamos la jugada magistral de un ajedrecista que conoce su juego, un general que advierte la estrategia de sus adversarios y mide sus fuerzas con realismo y no con pensamiento mágico.
La retirada de la contienda electoral sería lo más sano para el Partido Nacional y para el país, con miras a que quien suceda a Lacalle en la dirección del Partido tenga alguna chance en el 2011, y no le haga el juego a los colorados tal cual ha sido estructurado por el hábil, demasiado hábil, Dr. Bordaberry.
Habrá que esperar que se confirmen los rumores que señalan que eventualmente esta idea está gravitando en la mente de los dirigentes nacionalistas que ya aseguraron sus bancas en el Senado y en Diputados y que entienden que una derrota partidaria (no personal como se la quiere hacer ver) podría marcar el destino del Partido Nacional en los próximos años, relegándolo nuevamente a un papel secundario como el que tuvo durante muchos años.
Lo dicho, un acto de grandeza, una jugada inteligente que pese a que pueda ser apreciada de otra manera, apunta a la salvación ulterior del Partido Nacional y a una eventual posibilidad de una victoria futura en un nuevo escenario de disputa entre los blancos y el Frente Amplio y no entre los colorados y el Frente Amplio.
Eventual posibilidad de victoria futura que, de otra manera se estará cediendo, sin ningún tipo de reparo, al Partido Colorado.
Fuente:La República













