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Meses atrás los meteorólogos informaron que las temperaturas en el Océano Pacífico estaban aumentando más de lo normal, lo que presagiaba la llegada de “el Niño” a fines del verano.

Ello los llevó a pronosticar, entre otras cosas, lluvias durante la primavera en la zona central de Chile.

Las últimas mediciones efectivamente tienden a confirmar ese diagnóstico y ciertamente el pronóstico de una primavera lluviosa ha sido acertado, como hemos podido comprobar en las últimas semanas.

Algo que no podemos olvidar es que al “Niño” hay que tomarlo en serio.

En Santiago las lluvias nos han incomodado un poco, pero los perjuicios parecen ser menores. Pero en otros países de la región los efectos son más serios: en Colombia la sequía se ha hecho sentir y ha sido acompañada por heladas en las mesetas agrícolas que rodean a Bogotá.

Esto por un lado está afectando a la generación de energía eléctrica, en un país donde cerca del 80% de ésta se genera con recursos hídricos, llevando a las autoridades a anunciar medidas de emergencia con posible racionamiento a algunos consumidores industriales. Las heladas, por su parte, van a tener impacto en los precios.

En Venezuela los efectos son similares, aunque más atenuados. El problema de abastecimiento energético también podría verse complicado, porque también dependen de centrales hidroeléctricas para generar más de la mitad de su electricidad.

Ecuador y Perú son países donde los efectos del “Niño” varían según la región: en la costa llueve, incluso en zonas tradicionalmente áridas, y se produce sequía y bajas temperaturas en la sierra, donde se ubican las centrales hidroeléctricas.

En el pasado, en episodios intensos de “el Niño”, esto se ha traducido en aluviones en la costa, con pérdidas de vidas, destrucción de la infraestructura y serios trastornos a los sistemas de transporte y producción, con un impacto de varios puntos porcentuales de caída del PIB.

Comparados con los anteriores, los efectos en Chile son moderados y es posible que los perjuicios a la agricultura en la primavera, se compensen con una mayor abundancia de agua en verano, tanto para la agricultura como para la generación eléctrica.

En todo caso, cuando las economías de la región están comenzando a recuperarse de los efectos de la crisis, no cabe sino esperar que los meteorólogos acierten también con su pronóstico de que este “Niño” será moderado, por lo que sus efectos económicos adversos también lo serán.

En todo caso, esto es un buen recordatorio de que, a pesar de todos los avances tecnológicos, todavía somos vulnerables al clima, algo que es muy oportuno, en días en que los líderes de las principales naciones del mundo se reúnen en Copenhague para discutir medidas para limitar las emisiones de gases que inciden en el calentamiento global. Si ellos no aciertan, las consecuencias serán mucho más graves que un par de granizadas primaverales.

Joaquín Vial | Economista Jefe América del Sur Grupo BBVA


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